No se trata en la columna de hoy realizar un elogio que se preste a la adulación ni una crítica al poder judicial que se confunda con rechazo o desprecio por las Cortes y nuestras instituciones Constitucionales. Somos de la legión de ciudadanos que tenemos formación universitaria jurídica afortunadamente y entendemos que la justicia se pone en práctica, hace realidades, con lo que consagran los códigos. Ni más ni menos. Pero, el efecto de todo este comentario es el impacto en la sociedad, en ver que a veces se distorsionan las realidades y que una mala interpretación de los códigos puede ser muy contraproducente.
La Policía Nacional viene realizando, por lo menos en lo referente al Departamento del Atlántico, un labor encomiable en la investigación, análisis, seguimiento, aplicación de los resortes de inteligencia policial, capturando a bastantes delincuentes. Esta tarea viene desde hace varios años. Los medios de comunicación detallan la forma, el modo, la enjundia, la destreza con la cual encuentran y detienen a los delincuentes y los colocan en las manos de la Fiscalía y los jueces. Excelente. Pero también los medios a diario se explayan anunciando y comentado la cantidad de casos en los cuales los delincuentes al poco tiempo son dejados en libertad, o por vencimiento de términos, o por razones inexplicables que el sentido común no entiende.
Es común, diario, que delincuentes recién egresados de las cárceles son nuevamente capturados, con grilletes en los pies, o por el nefasto “principio de oportunidad” que pedir un perdón hipócrita para estar libre buscando rebajas de penas. Dizque hay vigilancia para los libertados con control de grilletes. ¿Sabe el público la cantidad de vigilantes destinados al oficio de vigilar a los perdonados momentáneamente? No llegan a las cincuenta personas, aquí en el Atlántico. ¿Sabe el público cuántos con grilletes andan en las calles por vencimientos de términos o cualquiera otra disposición Judicial? Más de cuatrocientos delincuentes. Se les visita en su hogar y se responde qué está donde el odontólogo, pero salió de su casa a delinquir.
El tema, repetimos, no es de decisión de los jueces o Tribunales, ellos buscan la mejor forma de actuar. Es determinante una reforma a la justicia y a los códigos que apriete más la justicia, su aplicación y sus procedimientos. El Congreso tendrá tarde o temprano que enfrentar esta calamidad legal. Y de paso aumentar el pie de fuerza, la vigilancia de los temporalmente puestos en libertad. Y mucho más, descalificar con actos públicos el libertinaje del gobierno nacional de buscar pretextos para liberar de las cárceles a muchos delincuentes. Dizque la Paz total.


