En Colombia todo el mundo llora. Hasta los guadales, como dicen Garzón y Collazos en la canción del maestro Jorge Villamil. El pobre grita de hambre, la clase media se queja, pero no se pierde los conciertos de Shakira en Barranquilla y Bad Bunny en Medellín. El rico gime. En efecto, el llanto tiene clase social: los de abajo lloran a moco tendido y con ganas, como cuando uno se tropieza el dedo pequeño del pie con la punta de la cama, la clase media disimula el sonido para dar apariencia de decencia frente al vecino, así el golpe haya sido más intenso, mientras que el poderoso gesticula, hace unas señas al estilo Benedetti pero ordena su archivo mental, para pasar la factura al autor del daño, como seguramente son los mensajes dirigidos al señor Ministro de Salud.

Un interesante informe publicado en marzo 7 de 2025 en el portal Consultor Salud, de la autoría de la periodista Natalia Moreno Gonzalez nos ilustra sobre la delicada situación de la salud en Colombia. La Asociación Colombiana de Sociedades Científicas (ACSC), entidad gremial que agrupa a más de 72 organizaciones de médicos especialistas en el país, nos advierte sobre el cierre de EPS y la quiebra de numerosas IPS, con incidencia directa sobre el deterioro de la salud para el pueblo colombiano.

Por su parte la Contraloría General de la República evidenció un deterioro sostenido en la oportunidad de pago. En 2024, los hospitales públicos facturaron $18,8 billones y recibieron pagos por $15,7 billones, lo que representó un cumplimiento del 84%. Sin embargo, entre enero y septiembre de 2025, el cumplimiento cayó al 77%, con pagos por $12,6 billones frente a una facturación de $16,3 billones. La reducción de los pagos afectó a todos los niveles de complejidad. En el nivel I, el recaudo bajó del 85% al 81%; en el nivel II, del 80% al 74%, siendo el más afectado; y en el nivel III, del 87% al 76%, comprometiendo seriamente la sostenibilidad de hospitales de alta complejidad y alto costo. Además, están quebradas algunas EPS intervenidas por el gobierno.

Hay que advertir que el Ministro Guillermo Jaramillo ha sido un político de costumbres tradicionales en su Tolima, pero nunca ha leído a Maquiavelo. Por eso ha cometido el mayor error de un líder: desconocer los principios que nos enseña el autor de El Príncipe, cuando nos dice que “es mejor ser temido que amado, pero nunca odiado”.

Por eso, el día que Jaramillo muera sería, como diría Gabriel García Márquez, el muerto más hermoso del mundo, con su sonrisa diabólica pero su soberbia viva.

@FcuelloDuarte