En el diálogo de Donald Trump y Gustavo Petro jugó un papel clave el embajador en Estados Unidos, Daniel García-Peña. Con paciencia y la intermediación del senador republicano Rand Paul se logró una conversación que ojalá cambie el tono de las palabras entre ambos mandatarios. Las palabras tienen poder y en política pueden facilitar un acuerdo o provocar una guerra. Este diálogo permite creer que, de aquí en adelante, se podrían obtener mejores relaciones entre Estados Unidos y Colombia en un marco de respeto y cooperación.
Un antiguo proverbio griego dice: “Nada en exceso”. Este es el cimiento de un principio de las democracias liberales: la moderación. En Colombia, los excesos de la polarización han conducido al uso de palabras violentas, descalificadoras, que caldean la política. “Uribestias”, “paracos”, dicen unos. Los otros responden llamándoles “mamertos”, “castro-chavistas”. Y quienes no entran en esa pirotecnia verbal reciben el calificativo de “tibios”.
Francis Fukuyama dice en el libro El liberalismo y sus desencantados que el “énfasis en la moderación ha sido descartado en gran medida en los tiempos modernos”. Pues ella “implica y requiere autocontrol”. En las democracias liberales han emergido liderazgos autoritarios y mucha gente se siente atraída por quienes emplean palabras huracanadas. Afortunadamente, todavía hay líderes que creen en la moderación. Que no es debilidad. Ni ambigüedad. Mientras el presidente se trenzaba en una batalla de palabras con Trump, García-Peña buscaba cómo bajarle la temperatura al conflicto.
Traté a García-Peña entre 2020 y 2022. Hicimos parte de un equipo de asesores de Sergio Fajardo con Alejandro Eder, John Sudarsky, Álvaro Forero Tascón, Antonio Celia Martínez-Aparicio, Gabriel Cifuentes, Santiago Londoño Uribe, Daniel Winograd, Oscar López Pulecio y Manolo Azuero. A García-Peña lo había visto antes en el despacho de Petro alcalde en julio de 2012, cuando fui a entrevistarlo para EL HERALDO. Para esos días, él se retiraba del gobierno capitalino, junto a su esposa, por diferencias que lo llevaron a decir que Petro era un “déspota de izquierda”.
Cuando fue nombrado embajador en Estados Unidos sentí sorpresa y regocijo. Sorpresa porque no creía que regresaría con el “déspota de izquierda ” y regocijo porque había compartido con él durante dos años unos espacios políticos virtuales.
Creo en la moderación porque solo ella hará posible una democracia con paz, pluralismo y libertades. Pero tengo claro que la moderación es hoy en Colombia una gota en un océano de polarización. Por eso los extremos lideran las encuestas y sondeos.
@HoracioBrieva








