Venezuela fue durante décadas un país próspero, con abundancia de recursos y una economía sólida. Sin embargo, todos sabemos que pasó hace más de 25 años, cuando Hugo Chávez llegó al poder y, con su continuación bajo Nicolás Maduro, el país entró en una espiral de violencia, empobrecimiento, escasez y vulneración sistemática de derechos humanos.

Desde entonces, la migración venezolana se ha convertido en uno de los movimientos humanos más grandes de nuestro tiempo. Gente talentosa, trabajadora, llena de sueños, cruzó fronteras buscando comida, salud, educación y, sobre todo, dignidad. Colombia fue una de las rutas principales de ese éxodo. Aquí vimos de primera mano la desesperación y el dolor de familias enteras que dejaron todo lo que tenían para comenzar de nuevo sin nada.

Pero el 2026 trajo una noticia que muchos esperaban, pero veían lejana: la captura de Nicolás Maduro y su esposa tras una operación en Venezuela, seguida de su traslado a Nueva York para enfrentar cargos en un tribunal federal de Manhattan. Se trata de un hecho histórico que no solo sorprendió al mundo, sino que volvió a encender la chispa de la esperanza en millones de venezolanos.

Los venezolanos celebraron esa determinación como el primer paso hacia la justicia después de años de dolor, y quienes vivimos de este lado de la frontera lo hicimos con ellos. Porque cuando un pueblo ha sufrido hambre, persecución, desplazamiento forzado y violaciones sistemáticas de derechos humanos, cualquier paso hacia la rendición de cuentas y la restauración de la democracia vale la pena celebrarlo.

No podemos ignorar que este proceso judicial será largo, complejo y lleno de debates jurídicos y políticos. Pero, lo que hoy importa no son los detalles técnicos del juicio, sino el significado humano de este momento: un pueblo que por años fue silenciado y castigado vuelve a sentir que su voz, finalmente, tiene un peso real.

Venezuela sigue siendo un país con heridas profundas y con desafíos enormes, pero también es un país que hoy observa, con un brillo renovado en los ojos, que la historia puede girar y cambiar a favor de la gente. Que la justicia, aunque tardía, puede llegar. Que la dignidad humana no es negociable, y que levantar la mirada después de tanto dolor es no solo legítimo, sino necesario.

Que esta noticia sea un punto de inflexión para Venezuela y para todo el continente. Que la memoria de quienes sufrieron no se olvide, y que las nuevas generaciones puedan, por fin, encontrar un camino hacia la democracia, la libertad y la reconstrucción de un país que siempre mereció mucho más.

@CancinoAbog