La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una herramienta cotidiana con el potencial de revolucionar la manera en que vivimos y trabajamos. En el sector inmobiliario, donde la confianza, la empatía y la asesoría personalizada son fundamentales, la IA no llega para reemplazar al ser humano, sino para potenciar su labor.

Para comprender mejor este impacto, estudios recientes de MIT, realizados por Loaiza y Rigobón muestran las debilidades de la IA frente a las competencias humanas. Su estudio señala que habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico y la empatía siguen siendo insustituibles, lo que sugiere que la IA no eliminará empleos, sino que transformará la manera en que los desempeñamos.

En el sector inmobiliario, esta transformación ya es una realidad. Plataformas avanzadas utilizan algoritmos para recomendar propiedades a compradores, analizando patrones de búsqueda y preferencias personales. Modelos automatizados de valuación permiten estimaciones de precio más precisas, reduciendo la incertidumbre en las negociaciones. Además, la IA facilita la detección de fraudes mediante el análisis de documentos y contratos, protegiendo tanto a compradores como a vendedores.

La personalización del servicio también ha dado un salto sin precedentes. Chatbots inteligentes pueden responder consultas en tiempo real, agendar visitas y ofrecer información relevante sin que el cliente tenga que esperar. Existen herramientas que permiten recorridos virtuales en 3D, transformando la forma en que se presentan las propiedades. Estas innovaciones agilizan los procesos, pero el asesor inmobiliario sigue siendo clave: la tecnología mejora la eficiencia, pero la decisión final sigue dependiendo de la relación de confianza entre clientes y agentes.

La visión catastrófica sobre la IA que califica a la tecnología como una amenaza existencial, se desvirtúa al analizar cómo, en realidad, puede actuar como un multiplicador de nuestras competencias. La verdadera reflexión debe centrarse en identificar aquellos puntos específicos de nuestro trabajo que pueden potenciarse notablemente mediante la IA.

No debemos temer a la IA, sino entenderla y utilizarla estratégicamente. En lugar de ver esta tecnología como una amenaza, debemos adoptarla como una aliada que nos permita liberar nuestro potencial humano. La IA no nos hará menos necesarios, sino más eficientes, más creativos y más conectados con las personas a las que servimos.

*Directora Ejecutiva Lonja de propiedad Raíz de Barranquilla