Aquí estoy, como hace cuatro años, a escasos cinco días del partido inaugural del Mundial de fútbol Rusia 2018, queriendo contrariar la imprevisibilidad de este juego, aventurándome a consignar cuáles son mis candidatos. Haciéndome el desentendido de que a la España campeona en Sudáfrica la eliminaron en la primera ronda en Brasil. Y como esta, muchas otras muestras contundentes de la tozudez del fútbol, que se niega a que la lógica nuestra sea la que determine el desenlace de los partidos y le disminuya parte de su encanto: la incertidumbre del resultado. Pero me gusta reincidir. Así que, otra vez, daré tres nombres como mis selecciones finalistas.

Brasil: porque ha logrado recuperar la audacia y la inventiva brasileña, ahora mezclada con una buena organización táctica sin el balón (4-1-4-1). Una buena dosis de agresividad para recuperarlo (incluidos los delanteros) y más madurez en sus jugadores más desequilibrantes (la que aún no los acompañaba en Brasil). Toque, técnica de alta gama, desborde, improvisación, Marcelo, Neymar, entre otras virtudes, lo hacen, en mi opinión, gran favorito.

España: la precoz y durísima eliminación en Brasil le sirvió para ‘aterrizar’. La aparición de un grupo de jóvenes futbolistas le sirvió para energizar su estilo de ‘toque-toque’ que se había aletargado. Hoy, España sigue fiel a su toqueteo, pero le agregó cambio de ritmo y más presencia de verdaderos delanteros cerca del área rival (Costa, Aspas, Rodrigo) y volantes con más visión para el gol (Asensio, Isco). Por esto y, sobre todo, por la convicción en su idea y la excelencia técnica de sus jugadores, España es otra de mis favoritas.

Alemania: totalmente convencida del estilo de posesión y múltiples pases —asumido como estilo desde 2006 con Klinsmann— tendrá, ojalá y esta vez por fin, a dos muy buenos amigos del balón y el buen gusto futbolístico como Gündoğan y Reus, víctimas de larguísimas y frecuentes lesiones. La continuidad en el 90% de la nómina campeona, el fogueo internacional anticipado a los nuevos en la Copa Confederaciones —una de las muchas señales de su organizado andar— y la solidez futbolística y mental de sus jugadores y patrón de juego, la convierten, para mí, en candidata a ser finalista.

Bélgica, Francia y Argentina pudieran estar completando el póker de finalistas. En las dos primeras, por la calidad de sus jugadores, en su mayoría destacados en las ligas más importantes de Europa, pero sin un gran funcionamiento colectivo y alguna fragilidad mental. Y Argentina, por Messi, por mentalidad ganadora, y por ese espíritu competitivo que suele exponer en estos torneos.