El martes 8 de noviembre de 2016 no solo se elige el presidente de EEUU, sino el director de orquesta de un mundo globalizado. Es una decisión crucial que nos afecta a todos. Hillary Clinton y Donald Trump son la definición perfecta de la realidad contemporánea. La palabra líder es que cada vez más confusa, desaparece su verdadero significado. Nos toca votar por el menos peor, el miedo determina nuestras decisiones. Sin duda alguna, prefiero a Clinton antes que el populista Trump. Sin embargo, ¿con la exsecretaria de Estado nos espera un futuro mejor?
Es una pregunta que no puedo contestar, el futuro no se puede predecir. Lo que es inevitable es que me invada la pregunta cada vez que pienso en las elecciones estadounidenses. La incertidumbre que genera Trump y su inexperiencia es un chiste de mal gusto. Es absurdo que un hombre de su calaña haya llegado tan lejos y tenga una probabilidad tan alta de ser presidente. Por otro lado, aparece Clinton, una mujer preparada para asumir el cargo, tiene un plan que ejecutar, a diferencia de su contendor que divaga en la imprecisión. Al parecer, es la candidata perfecta. Debemos tener claridad en el asunto, no es la mejor decisión, simplemente es la opción que tocó.
Hillary Clinton es una demócrata disfrazada, ya que es la representación más pura de la élite política americana. Ha sido antiinmigrantes toda su carrera, aunque en la actualidad, es el símbolo de los latinos y afirma que defenderá los derechos de los inmigrantes. Apoyó la invasión a Irak. En su momento fue conciliadora con Rusia y ahora es su principal enemiga. Quiere intensificar las acciones en Siria. Apoya la guerra y no es un secreto. Hace parte de la élite y no le interesa proteger al pueblo. Se acerca la Tercera Guerra Mundial, mientras nos tomamos selfies y permitimos que nos dominen los mismos políticos de siempre. No sabemos escoger verdaderos líderes. La ignorancia no solo hace parte de los países subdesarrollados, colorea el mundo.
En Gran Bretaña ganó el Brexit a punta de mentiras y ahora no saben ni que hacer. Putin es un dictador a mano armada, un peligro para la humanidad. En España no logran llegar a un consenso político, el congreso parece un circo. En Venezuela está a punto de estallar una guerra civil, el experimento socialista fue un fracaso, el país vive en una pesadilla que no les permite despertar. Medio Oriente está prácticamente en guerra.
En Colombia nos dimos el lujo de decirle ‘No’ a un acuerdo de paz después de 52 años de conflicto, se nos ocurrió que podíamos prolongar el asunto indefinidamente, como si ya no fuera suficiente.
El mundo es un desastre, la demagogia vulgar define a los supuestos líderes del presente. La democracia es una especie de delirium tremens, se pierde entre la verdad y la ficción. Creemos que votamos y decidimos, cuando en realidad, marchamos como soldados ciegos a dónde los políticos nos quieren llevar. El problema no es Trump, el problema no es Hillary, el problema es el conformismo y la aceptación del pueblo.
¿A dónde vamos a parar? Tampoco tengo la respuesta, solo siento tristeza y miedo por ese futuro tan incierto que invade a la humanidad.
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