Los años de la adolescencia no son fáciles; vienen cargados no solo de descubrimientos y aprendizaje sino de enormes inseguridades, dudas e incertidumbres, que se acrecientan cuando no se cumple con las expectativas establecidas por la sociedad.
En este sensitivo drama dirigido por André Téchiné y escrito por él mismo, con la colaboración de Céline Sciamma, encontramos a Damien (Kacey Mottet Kelin), un joven de apariencia débil y poco popular entre sus compañeros, confrontado con Thomas (Corentin Fila), un mulato cuya mezcla racial se presta también para la discriminación.
Desde las escenas iniciales de la película nos enteramos sobre de la condición de los protagonistas a partir de la selección de dos equipos de basquetbol en la escuela donde estudian: Damien y Thomas son los últimos en ser escogidos por los capitanes.
Pero el hecho de que ambos sean víctimas no los une, como podríamos esperar, sino que se violentan mutuamente, uno con miradas sugestivas y el otro con intimidación física, tal vez por la imposibilidad de expresar lo que en realidad sienten, o tal vez como resultado de las condiciones que viven en sus respectivos hogares.
Damien sufre la ausencia de su padre, un piloto de la armada que se encuentra lejos en una misión; vive con su madre, Marianne (Sandrine Kiberlain), una médica de espíritu abnegado, entregada a servir a la comunidad. Thomas es adoptado y su madre se encuentra enferma y embarazada; no sabe que esperar de ella con la próxima llegada de un hijo biológico, y vive en una granja lejos del colegio que lo obliga a caminar largas distancias para llegar a clases.
Cuando la madre de Thomas debe ingresar al hospital, Marianne lo invita a quedarse en su casa, y las relaciones entre los dos muchachos se recrudecen tomando giros sorprendentes.
La historia tiene lugar en los Pirineos, cuyo paisaje adquiere un rol predominante con sus imponentes montañas cubiertas de nieve espesa, la neblina, y el lago, dividida en tres estaciones que cubren un año escolar francés. La filmación, hecha con cámara en mano, tiene un estilo muy documental.
La experiencia de Schiamma en el tema de la adolescencia ha sido reconocida en sus dos producciones anteriores, Tomboy (2011)y Girlhood (2014), donde maneja el tema de la sexualidad de una manera muy contemporánea, con naturalidad y sin el misterio que se le daba hasta hace poco. En este caso su influencia se hace sentir y nos encontramos con un guión inteligente y honesto, lineal y sin arandelas, que simplemente nos muestra el derecho a la vacilación, a la inseguridad y a la frustración que desencadena esa enfermedad llamada 17 años.


