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Con la “avalancha” y “congestión” de aspirantes al parlamento el ciudadano debe pensar muy bien a quien le otorga el voto; sufragio que debe ser libre, espontáneo, sin ningún tipo de coacción y en forma secreta.

En las próximas elecciones parlamentarias de Colombia se presentará el más numeroso festín de la democracia con un total de 3.231 postulados para ocupar 108 curules en el Senado y 188 en la Cámara de Representantes; solamente hay escaños para un poco menos del 10% de los aspirantes; aquí bien se puede parodiar el título de la canción “no hay cama para tanta gente” de la inolvidable cantante cubana Celia Cruz.

Efectivamente Colombia ya vive un ambiente de “festín de la democracia” tal y como lo han planteado numerosos comentaristas en diversos medios de comunicación del país; existe, por el alarmante número de postulados, una verdadera “avalancha de candidatos”, tal y como lo aseguró en una de sus opiniones sabatinas el destacado columnista de El Tiempo Luis Noé Ochoa Galvis; también se presenta la más absurda “congestión de aspirantes”, según lo expresado por el columnista y connotado escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal.

Así la elección de los miembros del Congreso del día domingo, 8 de marzo, será la más reñida en las últimas jornadas democráticas del país. Según información de la Registraduría Nacional los ciudadanos aptos para sufragar son 40.036.238; lo podrán hacer en el territorio nacional y 1.250.846 en el exterior.

El excesivo número de postulados al Congreso colombiano, con base en lo establecido en la Constitución Política de Colombia, ocurre por la desmedida ambición de muchos aspirantes y si resulta es muy buen negocio para 296 candidatos; además por los deseos de figurar de muchos participantes que, en verdad, no están bien preparados para ejercer las labores como legisladores.

Para un político, con y sin experiencia, el resultar elegido para el Senado o en la Cámara de Representantes, es un atractivo negocio; disfrutará de más de 6 meses de vacaciones anuales, primas jugosas y un magnífico ingreso mensual como parlamentario, gastos de representación, primas jugosas, viajes por el mundo en excelentes condiciones y además poder, mucho poder.

Mientras avanza el festín de la democracia, la avalancha y congestión de candidatos al parlamento, el ciudadano corriente lo que espera es que los postulantes cumplan sus promesas y que el proceso concluya en forma positiva, sin excesos en estigmatización ni polarización política.

Jorge Giraldo Acevedo