Los colores que hacen brillar los murales del Barrio Abajo, la historia que se resguarda en las casonas de El Prado o la cotidianidad que se observa en los mercados del Centro de Barranquilla son elementos que han servido de inspiración para cientos de artistas y diseñadores gráficos.
Geraldine Rodríguez se ha dejado conquistar por esta amalgama de colores y figuras, logrando captar como ninguna otra persona la esencia de estos detalles a través de sus ojos y convertirlos en esa chispa de inspiración para su trabajo profesional.
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La joven de 27 años se ha consolidado como “pionera” de una mezcla entre el arte de la ilustración y el mundo textil. En los últimos años, su trabajo se ha plasmado en camisetas, pantalones y suéteres que retratan a nuestra ciudad y se venden como “pan caliente” en diferentes temporadas.
“Yo quería hacer mi propia marca de camisetas y plasmar algo diferente. Entonces comencé a recorrer lugares como el centro de la ciudad en busca de imágenes chéveres y telas; luego empecé a plasmar mis ilustraciones en camisetas sencillas con elementos identitarios del costeño como un carrito de frutas o un raspado, pero era solo un pasatiempo hasta que empecé a tener ideas de diseños más complejos que podrían tener un impacto en la gente”, recordó la joven profesional.
De esa manera, lo que era un hobby pasó a convertirse en un proyecto de vida para esta barranquillera de pura cepa.
“Yo he dibujado toda mi vida, desde pequeña en casa de mi abuela y luego en la universidad seguí aprendiendo; en esa época aprendí lo que era ver a Barranquilla desde otra óptica y ahora, cada vez que voy en un bus o paso por un lugar que me inspira, le tomo fotos y empiezo a dibujarlo en el iPad, para luego ilustrarlos en textiles”, contó.
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Sin embargo, esa nueva óptica de la ciudad ha sido también un desafío para Geraldine: “Lo tropical siempre llama la atención aquí en la Costa; entonces, teniendo en cuenta que somos una ciudad llena de alegría a pesar de las adversidades, la gente busca algo con lo que identificarse”.
A eso agregó: “Por eso las marcas me echaron un ojo y me pedían vestidos de baño, o estampados que incluyan el río con el Gran Malecón. Ya con eso despegué y participé en la feria Colombiatex, uno de los eventos más grandes de textiles en el país, y mi nombre y el de Barranquilla comenzaron a sonar más fuerte”.
Otro de los retos de esta emprendedora local, como se reconoce en estos momentos, fue mantener la inspiración y creatividad en todos los diseños que vende a las marcas. “Una tarea que ha sido fácil debido a que la ciudad viene teniendo un crecimiento progresivo con cada año que pasa”.
“Aquí lo que hay es inspiración. La puedes obtener con un recorrido por el Centro, Barrio Abajo, la ciénaga de Mallorquín, o en las calles del sur. Todo se trata de ver el mundo desde nuestro pequeño orificio y luego darle un concepto”, comentó.

CAPTAR LA ESENCIA LOCAL
Tal ha sido el alcance que ha tenido esta barranquillera que en la pasada temporada de carnaval tuvo la oportunidad de vestir a la reina Michelle Char con un diseño único inspirado en las flores de Curramba la Bella, aplicando su técnica de trabajo basada en bocetos y paleta de colores.
“Junto con otra figura icónica como Andrea Viveros de Atali participamos en un diseño para la reina y fue una de esas experiencias que te quedan marcadas para siempre. Además, sirvió mucho para consolidar mi método de trabajo. Normalmente, yo tengo una paleta de colores y elementos gráficos para todo el diseño, y luego se crean algunos bocetos para el montaje textil y eso se le entrega a la marca para que haga las pruebas en las prendas para luego vestir a las modelos”, explicó.
Un diseño de Geraldine que también refleja la esencia de la ciudad y que enorgullece a su círculo social son las prendas alusivas al Junior de Barranquilla, aunque ella no es “tan juniorista como la gente piensa”.
“Para este proyecto que realicé el año pasado tuve que ir al estadio Metropolitano como cuatro veces para encontrar un diseño que pudiera crear para la gente, porque no era como tal dibujar un tiburón o el escudo del equipo; más bien es encontrar símbolos y bocetos con los colores rojiblancos para que tanto hombres como mujeres tuvieran unas prendas que vestir y sentirse representados con el equipo”, manifestó.
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De esta manera, el sueño de esta joven entusiasta es que en un futuro todo el mundo lleve sus prendas en un fin de semana de carnaval, una tarde decembrina o durante temporada de mitad de año con las playas y el turismo a “full” en la ciudad.
UN LEGADO QUE PERDURA
Más allá de sentirnos orgullosos de la ciudad y de su crecimiento, la única manera de que el barranquillero mantenga vivo su legado es llevando la identidad de lo que es a los rincones de todo el mundo. Eso lo tiene claro Geraldine y lo ha visionado como su misión para los próximos años.
“A donde quiera que vayamos, hay que decir con nuestras expresiones y prendas que llevamos que somos barranquilleras, porque compartir esa identidad es una verdadera riqueza”, dijo.
A su vez, mantiene una expectativa con respecto al futuro: “Yo creo que cada vez hay más marcas en la ciudad que están volviendo a lo cotidiano, a las raíces de la cultura de los barrios y estoy dispuesta a colaborar con mis diseños para todo aquel que quiera promover esta linda historia”.
Su otra faceta: les enseña sobre diseño a las nuevas generaciones
A pesar del poco tiempo libre que tiene por las extenuantes jornadas creativas, Geraldine alterna su rutina diaria con otros intereses como la academia, ejerciendo como profesora de diseño gráfico en la Universidad Autónoma del Caribe. “Siempre trato de enseñarles a mis estudiantes que no se estén comparando con nadie, ya que eso es muy frecuente en nuestra carrera y vida laboral. La idea es que ellos crean en sus talentos y sepan qué quieren hacer. Lo que sigue después de eso es abrazar ese concepto y crear algo propio”, puntualizó.

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