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El sistema educativo de Barranquilla y del Atlántico atraviesa un momento decisivo. Así ha quedado en evidencia tras el más reciente reporte del Dane sobre la tasa de natalidad, que reporta una contracción del 2 % en el departamento al pasar de 26.237 nacimientos en 2024 a 25.725 el año pasado, es decir, 512 nacimientos menos.

La caída en el número de nacimientos en el departamento ha sido constante desde el 2019, cuando se alcanzó un pico de 43.121 nacimientos, luego en 2020 cayó a 40.007; en 2021 a 38.938; en 2022 a 36.114, y en 2023 a 31.727.

Esta tendencia ha sido objeto de estudio por parte del Observatorio de Educación del Caribe Colombiano de la Universidad del Norte, el cual recalcó que este panorama pone en jaque al sistema educativo.

Jorge Valencia, coordinador de este centro investigativo de la Universidad del Norte, aseguró que lejos de ser una alarma, su más reciente informe invita a mirar el panorama con realismo y planificación.

Puso de presente que hasta 2020, Barranquilla y su área metropolitana mantenían cifras relativamente estables de nacidos vivos. Sin embargo, después de la pandemia, el descenso fue pronunciado y acelerado.

Aunque el impacto en las aulas no es inmediato —se calcula un efecto diferido de cuatro a seis años—, las proyecciones indican que hacia el año 2030 comenzará a sentirse con mayor claridad en preescolar y transición, para posteriormente impactar a primaria, secundaria y media. El efecto más amplio se proyecta hacia 2036.

El Observatorio anotó que la disminución ya empieza a notarse. En los colegios oficiales de Barranquilla, la matrícula bajó a menos de 195.000 estudiantes, cuando antes de la pandemia superaba los 210 mil. En el sector privado, por su parte, el punto más bajo se registró en 2021, con cerca de 70 mil estudiantes.

Para Valencia, el fenómeno no es exclusivo de la capital del Atlántico: “Es una realidad mundial. Estamos pasando de un modelo que buscaba ampliar cobertura a uno en el que tendremos menos población estudiantil. La ecuación se invierte”.

En ese sentido, agregó que este escenario obliga a revisar la distribución de cupos, la viabilidad de instituciones con baja matrícula y la asignación de docentes e infraestructura. Pero también abre una oportunidad: mejorar la relación estudiante-docente y ofrecer apoyos pedagógicos más focalizados.

Eso sí, advirtió el observatorio, se requieren ajustes operativos y de política pública, además de información en tiempo real que permita reorganizar el sistema con anticipación.

Avances en calidad

En materia académica, los resultados muestran luces y sombras. En 2025, 44 de las 158 instituciones oficiales de Barranquilla (28 %) se ubicaron en las categorías A+ y A de las pruebas Saber 11. A comienzos de la década, ese porcentaje no alcanzaba el 10 %. No obstante, 29 colegios (18 %) permanecen en categoría D.

En áreas como Lectura Crítica y Matemáticas, más del 60 % de los estudiantes alcanzó niveles adecuados (3 y 4), máximos históricos para el Distrito. Sin embargo, en Ciencias Naturales el 65 % se ubicó en niveles no satisfactorios, y en Ciencias Sociales y Ciudadanas el 69 % permaneció en los niveles 1 y 2. En bilingüismo también hay avances: el 15 % de los estudiantes oficiales alcanzó nivel B1 o superior en inglés en 2025, frente al 6 % en 2020.

En ese sentido, Valencia insistió en que el progreso debe ser más equitativo: “No solo se trata de mirar hacia arriba, sino de acompañar a las instituciones que siguen en niveles bajos. Esa debería ser también la meta”.

En los municipios administrados por la Gobernación del Atlántico, la proporción de instituciones en categoría D pasó del 74 % en 2020 al 60 % en 2025. Las categorías A+, A y B subieron del 7 % al 11 %, aunque la mayoría de establecimientos continúa en niveles de desempeño bajos.

Sin embargo, en la subregión sur del departamento, los resultados son inferiores frente a otras zonas. Además, la brecha urbano-rural sigue siendo evidente: en Lectura Crítica, el 48 % de los estudiantes urbanos alcanzó niveles adecuados, frente al 38 % en el sector rural.

Presión económica

El tercer reto es financiero. En 2025, la inflación anual en Colombia cerró en 5,10 %, pero el rubro de educación aumentó 7,36 %. A eso se suma que en 2026, el salario mínimo subió 23 %, impactando costos laborales y servicios esenciales como aseo, vigilancia, logística, alimentación y transporte escolar.

El Sistema General de Participaciones para Educación pasó de 46,3 billones de pesos en 2025 a 49,8 billones en 2026. Aunque cubre los componentes básicos del gasto, su suficiencia depende de la evolución de los costos y de la oportunidad en las transferencias. Además, la mayor parte del giro se destina al pago de docentes, lo que deja menos margen para inversión.

Al respecto, Mauricio Herrón, magister en Ciencias de la Educación y doctor en Psicología Educativa y Metodología de la Investigación, advirtió que la reducción de matrícula podría interpretarse como una razón para recortar presupuestos, pero consideró que sería un error.

“Si tenemos menos estudiantes, deberíamos aprovechar para mejorar las condiciones: aulas menos congestionadas, mejor alimentación, más recursos pedagógicos. No conviene reducir los fondos solo porque bajen los cupos”, afirmó.

Otra visión

El Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, en su informe ‘La matrícula en educación inicial, básica y media’, publicado en febrero de 2026, expuso que desde 2015, el sistema educativo en el país ha perdido más de 696 mil estudiantes, lo que representa una “contracción de magnitud significativa y persistente”.

De manera recurrente, según el informe, esta tendencia ha sido atribuida a la disminución de los nacimientos y al proceso de transición demográfica; sin embargo, “un análisis comparativo de las dinámicas poblacionales y educativas evidencia que la caída demográfica observada en el período es insuficiente para explicar por sí sola el comportamiento de la matrícula”.

“En numerosos departamentos, especialmente en aquellos con alta densidad poblacional, la caída de la matrícula en secundaria y media supera la reducción poblacional, lo que evidencia una pérdida efectiva de niños, niñas y adolescentes del sistema educativo. Esta dinámica no solo compromete el derecho individual a la educación, sino que debilita la eficiencia global del sistema, al interrumpir trayectorias educativas que ya han acumulado inversión pública durante los niveles previos”, se lee en el documento.

A eso se suma que, recientemente, el Ministerio de Educación indicó que la baja natalidad, junto con el estudio en casa, se consolidan como las principales causas de la crisis de los colegios privados en el país.

Panorama nacional frente a la disminución de nacimientos

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) dio a conocer recientemente que en 2025 se registraron 433.678 nacimientos en Colombia, lo que representa una reducción del 4,5 % frente a 2024. Es decir, hubo 20.223 nacimientos menos.

De acuerdo con la entidad, los nacimientos en el país mantienen una disminución sostenida desde 2016, alcanzando uno de los niveles más bajos de la última década.

Es de anotar que, durante el año anterior, San Andrés, Providencia y Santa Catalina fue el departamento con mayor disminución de nacimientos con un 9, 2%, seguido de Risaralda (7,5 %), Caldas (7,2 %), Cauca (7,2 %) y Vichada (6,8 %).

A eso se suma que los departamentos de Chocó, Nariño, Casanare, Arauca y Bogotá presentan reducciones que no superan el 1,5 %; mientras que Guainía, Quindío, Tolima y La Guajira se incrementó el volumen de nacimientos frente al año 2024.