He notado la tendencia en Farías de revolver el agua cuando está tranquila. Desde que dijo con cara feliz que “hemos trabajado duro, exigente. Por primera vez hubo hasta puños, puño normal entre hombres”. O cuando retó a José Hugo Illera justo cuando el equipo había ganado cinco partidos consecutivos y navegaba en aguas mansas.
El fútbol se ve, como lo ven los amigos en las gradas. Cada fase del partido se comenta, se compone, se desarma y se recompone. Con palabras sencillas, sin términos rebuscados o extranjerismos.
La mejora en el ambiente del Junior se debe a que, frente a Unión, con 10 hombres, y frente al Once Caldas, se vio el juego de conjunto que no se veía.
Las ruedas de prensa de Farías se han vuelto un modelo de disculpa. Y ahora ha culpado hasta a la brisa del golazo que hizo Jaen Pineda. Es la primera vez que alguien habla de la brisa en ‘el Metro’ cuando sabemos que es casi inexistente.