El prestigio es la consecuencia habitual del desempeño exitoso, la gestión eficaz, la influencia favorable y el buen crédito que da la estimación provocadora de admiración, a causa del respeto y la consideración especial. La fama puede ser temporal o circunstancial, pero la honra y el honor tienen la caracterización más cercana a lo memorable.
Lo más doloroso es que esta no es una historia aislada. Colombia lleva años viendo casos similares: personas que ingresan a supuestos centros estéticos y terminan perdiendo la vida o sufriendo daños irreversibles. Y aun así, pareciera que seguimos reaccionando únicamente cuando ocurre una tragedia.
Debemos preservar lo que sirve del sistema actual, pero también impulsar la investigación propia, la producción de medicamentos y vacunas, y garantizar una atención preventiva y curativa de alta calidad. Necesitamos un liderazgo fuerte —un verdadero “Tigre”— para hacer realidad el sistema que el país merece.
La discusión de fondo no es si el salario mínimo debe subir o no, sino cómo se acompaña esta decisión para que se convierta en una oportunidad y no en una barrera de acceso al empleo. El país necesita más jóvenes trabajando, pero también mejor preparados, mejor remunerados y con mayor estabilidad.
Por ello, el Caribe esta vez debe actuar monolítico, nada de veleidades, que si Paloma, que si ningún otro. Emocionados, todos a una vayamos a elegir presidente propio, a no repetir el error de desechar la oportunidad de que nos gobierne uno de nosotros. Tenemos al ‘Tigre’ a punto de imponerse, y está en nuestras manos movilizarse a las urnas para lograrlo.