Quizás una de las tragedias más dolorosas de Colombia es habernos acostumbrado a escuchar esa noticia como si fuera una cifra más. Niños convertidos en combatientes, alejados de sus familias, utilizados para la guerra y privados de cualquier posibilidad real de infancia.
Propondría entonces, que el gobierno siga en su línea de acabar a Ecopetrol, cerrar las minas de carbón para quebrar las economías del Cesar y la Guajira, no abrir ni una sola mina nueva de cobre o cualquier otro mineral necesario para la transición energética, cerrar las termoeléctricas de carbón y gas para quedarnos sin respaldo cuando llegue el fenómeno del niño, quitarle el gas a la industria del níquel y el carbón a las cementeras y las acerías.
Lo que preguntan por ahí
Representa el agotamiento de una clase dirigente que perdió conexión con el país real. Es un ‘outsider’ informado, visible y deliberadamente incómodo para quienes durante décadas administraron el poder como si Colombia fuera un club privado.
Los mecanismos de alivio financiero deben mantenerse al servicio de quienes realmente los necesitan y no pueden ser convertidos en fábricas de fraude. Evitar su uso indebido es una condición necesaria para proteger la confianza, garantizar el acceso al crédito y asegurar que el sistema continúe funcionando sobre la base de la buena fe.