El ser humano es el único ser capaz de escribir y de leer su propia historia. Renunciar a esa capacidad es renunciar a la posibilidad de comprender el mundo y de transformarlo. Quienes no leen terminan viviendo bajo las ideas de quienes sí lo hacen.
Barranquilla no es sólo carnaval. Su crecimiento y desarrollo económico se ha disparado vertiginosamente especialmente en materia de servicios y comercio a través de un tejido empresarial que aporta cerca del 2.8% del PIB nacional con una tasa de desempleo del 9.6%, una de las más bajas del país, un recaudo del predial superior a los 600.000 millones de pesos, industria y comercio por encima del billón de pesos y un presupuesto distrital que llega a los 8 billones de pesos anuales.
Supongo que después de todo lo anteriormente comentado cualquier lector sabrá que yo quisiera que Abelardo De La Espriella fuese nuestro Presidente, y sí, porque deseo un viraje total hacia una forma de gobernar diferente a la diseñada para la corrupción, que es la que he conocido desde siempre, y me niego a aceptar que en nuestro país no haya forma de hacerlo de otra manera, reconociendo que no sería nada fácil.
El mismo choque energético que eleva los ingresos también dispara la inflación global. El encarecimiento del transporte, los fertilizantes, y los alimentos ya se está transmitiendo a las economías del mundo. Colombia, como importador neto de buena parte de sus insumos agrícolas y logísticos, no es inmune.
Hoy Colombia requiere ciudadanos activos, críticos y libres. Ciudadanos que voten sin miedo, sin presiones y sin condicionamientos. Porque no votar también es una forma de decidir, es delegar en otros la elección propia. Y esa decisión tiene consecuencias.