Resulta un insulto decirle a un hogar vulnerable que está siendo “protegido”, mientras se destruye la oferta de vivienda en las zonas donde sí existen empleo, transporte y servicios. El ahorro de una familia pobre es limitado y sagrado; no puede compensar con sacrificios adicionales lo que el mercado deja de ofrecer por culpa de regulaciones absurdas.
Es evidente que muchas tareas están siendo automatizadas, especialmente las repetitivas o altamente estandarizadas. Profesiones como el derecho, el diseño gráfico o el periodismo ya sienten la presión de herramientas capaces de redactar contratos básicos, generar imágenes o producir borradores de textos en segundos.
Tener amigos es poseer bienes espirituales representados en su energía vital y salud emocional para cultivarles, cuidarles e inspirarles a dar lo mejor de sí.
En medio de este ruido ensordecedor, la Gran Consulta emerge no solo como una opción viable, sino como una herramienta democrática indispensable para rescatar la política como el arte de lo colectivo.
El cuarto eje apunta al corazón del atraso rural: la formalización de la propiedad. Abelardo propone un nuevo orden jurídico que permita otorgar títulos plenos a poseedores, ocupantes y propietarios sin registro, para que puedan acreditar dominio, acceder a crédito y entrar a la economía formal. Pero va más allá: ninguna tierra adjudicada puede entregarse “desnuda”.