Hace veinte años esta ciudad estaba bajo la Ley 550, intervenida, en quiebra, incapaz de invertir en nada. Los responsables de ese desastre no desaparecieron: hoy quieren regresar con el petrismo, convencidos de que Barranquilla les debe una segunda oportunidad.
El vacío está aquí, en la Costa, donde todavía no logra el fervor que debería despertar. Y ahí está la paradoja: no está siendo profeta en su tierra. Porque si lo fuera, la Costa no estaría solo empujando una candidatura; estaría escogiendo a un hijo que la priorice y la ponga de primero.
Y en un entorno donde se quiere rapidez, castigo y titulares, eso molesta. Pero sin defensa no hay justicia. Sin abogados penalistas no hay equilibrio. Sin garantías, lo único que queda es el abuso del poder. Defender no es un privilegio. Es una necesidad.
El guajiro demostró ante el Real Madrid, al que le marcó dos goles en la ‘Champions’, que es el mejor colombiano en la actualidad.
Votar no es elegir un discurso atractivo; es definir el rumbo del país. Es respaldar modelos que promuevan inversión, empleo y desarrollo responsable, o apostar por caminos que pueden debilitar lo que hoy sostiene a miles de familias.