La pregunta es por qué y para qué necesita los EE. UU del petróleo de Venezuela, que como es bien sabido cuenta, según la Agencia Internacional de Energía (AIE) con las mayores reservas del mundo (304.000 millones de barriles).
Hay un significativo porcentaje de ciudadanos que demuestran que Colombia no es solo un país desigual en materia económica, sino también y mucho, en cuanto a coeficiencia intelectual, y a esos anteriores hay que sumarle los resentidos consumados, que no son pocos.
La resiliencia no consiste únicamente en resistir las dificultades, sino en desarrollar la capacidad de adaptarse, aprender y crecer a partir de ellas.
Que este aumento histórico no termine convertido en una crisis que golpee la economía y, especialmente, a los más vulnerables: la mano de obra y el ciudadano con mayores necesidades. La pobreza no se erradica aumentando el salario mínimo; a la pobreza se le pone fin combatiendo de raíz la corrupción.
No es retorica bizantina, EE. UU. domina por eficiencia y velocidad, Venezuela tiene volumen y costos que podrían darle un peso estratégico global. Su operación la convertiría en jugador relevante del sistema energético mundial; los venezolanos merecen ese lugar y sus beneficios, tras 28 años de lucha y sufrimiento, asumiendo que ya terminaron.