Hoy no hay quien pueda impedirlo pues el Consejo Nacional Electoral no tiene la organización suficiente para controlar a “don dinero” en las campañas. Y los procesos que se han iniciado por financiación ilegal, no han parado en nada, incluido el que “cursa” en la Comisión de Acusaciones.
Defender la democracia no significa apoyar ciegamente a ningún candidato ni silenciar críticas. Significa exigir evidencia. Significa comprender cómo funcionan las instituciones antes de concluir que todo está diseñado para engañarnos. Significa hacer una pausa antes de compartir.
Entre tanto, quienes creemos en la democracia, la propiedad privada y el emprendimiento, salimos a votar para defenderlos.
Hoy saldré a votar en libertad y con responsabilidad. Es un acto privado y público. Privado, porque no tengo que informar a otro cuál es mi elección; y público, porque sé que mi decisión tendrá algún efecto sobre los demás.
¡Hay que votar! Llevemos al vecino, al amigo, al familiar: todos a votar. Porque así, desde el lunes, el centro, la derecha y la izquierda empezarán a dibujarse en el mapa electoral. Las listas presidenciales comenzarán a depurarse.