Hoy Colombia requiere ciudadanos activos, críticos y libres. Ciudadanos que voten sin miedo, sin presiones y sin condicionamientos. Porque no votar también es una forma de decidir, es delegar en otros la elección propia. Y esa decisión tiene consecuencias.
Hay dos formas equivocadas de leer la política internacional: creer que alguien está loco o creer que tenía todo calculado. Son extremos cómodos, porque evitan pensar, y aun así generan profusos análisis.
Además, la preocupación por el hato es inconsistente con sus ataques a la ganadería, como lo es el ataque a las exportaciones ganaderas con el discurso de que las agropecuarias reemplazarán la renta petrolera. Me quedo con la sensata declaración de la ministra: “No se puede prohibir exportar carne, pero se debe garantizar abastecimiento”.
Este panorama implica la urgencia de mantener redes de apoyo social que faciliten el acompañamiento emocional y sicológico, —como se da en la familia extendida—, que permita erradicar el edadismo, y reconocer el valor y acervo que guardan los mayores; nuestro compromiso debe ser que cada familia cuide a sus abuelos.
Como el presidente de la republica nunca tuvo esto claro, podemos explicar por qué los riesgos de apagón, desabastecimiento de gas, crisis petrolera y todas las políticas anti combustibles fósiles en el país, pues el piensa que ya somos renovables.