Hoy de los 50 senadores del 91 vamos en 12 o 13 y eso que ha aceptado de todo: tránsfugas, procesados, herederos de parlamentarios condenados, entre otras hierbas.
No podemos esperar a que ocurran tragedias para activar nuestro sentido solidario; el apoyo desinteresado a los demás debe ser inherente a nuestros valores personales y forma de ser.
Colombia debe aprender la lección: la soberanía energética viabiliza la transición. Hay que apresurarse, pero despacio.
Aunque gran parte de las decisiones empresariales siguen basándose en datos estructurados, la verdadera inteligencia colectiva, formada por matices, contexto y experiencia acumulada, queda en archivos digitales poco accesibles e infrautilizados.
Dios no está en la vida para estrellarnos contra nuestros defectos y limitaciones; ellas se imponen en nuestra cotidianidad sin reflexión.