Además, la preocupación por el hato es inconsistente con sus ataques a la ganadería, como lo es el ataque a las exportaciones ganaderas con el discurso de que las agropecuarias reemplazarán la renta petrolera. Me quedo con la sensata declaración de la ministra: “No se puede prohibir exportar carne, pero se debe garantizar abastecimiento”.
Constitucionalmente el presidente es el símbolo de la unidad nacional. No está autorizado a lanzar “bolas” sin pruebas. Las palabras de un presidente son hechos políticos y jurídicos per se. Él está obligado a decir si esas grabaciones existen, quién las hizo, por orden de quién y cómo las escuchó.
Hoy Colombia requiere ciudadanos activos, críticos y libres. Ciudadanos que voten sin miedo, sin presiones y sin condicionamientos. Porque no votar también es una forma de decidir, es delegar en otros la elección propia. Y esa decisión tiene consecuencias.
Hay dos formas equivocadas de leer la política internacional: creer que alguien está loco o creer que tenía todo calculado. Son extremos cómodos, porque evitan pensar, y aun así generan profusos análisis.
Porque si algo hemos ido perdiendo es la capacidad de quedarnos en el hoy. Vivimos cada vez más pendientes de lo que quisiéramos ser, de la imagen que proyectamos y de esa siguiente versión de la vida que parece siempre más interesante que la propia.