Lo cierto es que la mayoría de los venezolanos exiliados o en su patria, a quienes hoy no les importa la geopolítica, el petróleo ni el imperialismo, ve en la intervención un camino posible hacia el retorno de la democracia.
Con mi saludo fraternal para todos los lectores de este espacio de opinión semanal, quiero invitarlos a abrir su propia página en blanco, preñarla con sus deseos y hacer frecuentes balances, para sentir la satisfacción del deber cumplido, el éxito de las metas, la alegría de los logros obtenidos, en fin, el regocijo de sentirse bien y el deleite de ser feliz, en todos los ámbitos de su entorno personal.
En América latina sucedió lo contrario, el pensamiento castrista fue cerreramente anti capitalista, totalitario y autocrático; e hizo tres aportes: el intervencionismo militar sin ambages desde Bolivia hasta Angola, un antiamericanismo visceral y la connivencia con el narcotráfico porque este debilitaba el imperio.
Cada uno de los colombianos habilitados para ejercer su derecho al voto tenemos la responsabilidad de elegir dirigentes que sepan interpretar las necesidades del país en medio de este entorno global cambiante y, lejos de intereses mezquinos, lograr las mejores políticas públicas que se traduzcan en mejores condiciones de vida para Colombia.
Al iniciar este nuevo año tenemos que entender que no podemos construir nuestro proyecto de vida desde la creencia de que la fortaleza es no necesitar a nadie, porque ello termina volviéndose soledad, y para ser felices necesitamos establecer conexiones profundas y honestas, en las que reconozcamos la necesidad que tenemos de los demás.