Colombia tiene condiciones para llegar a un destino similar. Para ello se requiere superar brechas en productividad, educación e innovación; transformar la matriz productiva; incentivar la inversión en tecnología y manufactura; transformar la riqueza en hidrocarburos y minerales en motor de desarrollo económico; y fortalecer la articulación Estado-Empresa-Academia.
Votaré desde la emoción del agradecimiento que me ha sobrecogido. No creo que mi país sea lo peor, tampoco que sea perfecto. No creo en el odio como motor del desarrollo. Creo en el esfuerzo, en la disciplina, en las oportunidades. Siempre me anima la posibilidad de incluir y construir juntos.
Este domingo, la papeleta que usted marque tendrá consecuencias reales para los próximos cuatro años. Salga a votar. No por el candidato perfecto, que no existe, sino por el país que quiere. El voto es el único instrumento que le garantiza al ciudadano una incidencia directa sobre el poder.
Hoy Abelardo representa ese cambio que muchos colombianos siguen buscando. Pero esta vez no como una promesa de transformar todo, sino como la posibilidad de recuperar aquello que nunca debimos perder: la seguridad para vivir tranquilos, la salud para cuidar a nuestras familias y la confianza para creer que las cosas pueden volver a funcionar.