Pensar y actuar así parece una demostración del odio que sienten por Colombia y los colombianos. Se olvidan además que, si a pesar de toda estas “anfetaminas de irresponsabilidad”, son reelegidos, tendrán que administrar esta catástrofe y si no fueron buenos arreglando lo construido, peor serán administrando la destrucción.
Tal vez ha llegado el momento de cambiar el chip de la normalización del sacrificio que durante años han debido asumir tanto la oposición como el pueblo venezolano, y de demostrar con hechos que esta acción mal calculada no pone en entredicho ni el liderazgo ni la resistencia de María Corina ni la de otros referentes de la oposición venezolana.
Con un puerto moderno y competitivo, Urabá deja de ser un territorio periférico para convertirse en un nodo estratégico del comercio exterior colombiano, capaz de dinamizar la economía regional y nacional.
La única posibilidad de que la muerte tenga sentido es que la vida lo tenga. Eso significa que tengo que dedicarme a vivir, a disfrutar, a celebrar, a exprimir los momentos que tengo con los míos, a explayarme en los instantes de placer sin ninguna culpa, a juntarme con los que amo y con quienes comparto las mismas anécdotas de siempre.
Creer que la seguridad se mide solo en números es el mayor error de este Gobierno. Porque esas cifras no son producto de autoridad, sino de concesiones. No son reales. Son prestadas. Y como todo lo prestado, se puede perder en cualquier momento. Lo del traslado lo demostró: el ritmo de esta paz falaz no lo impone el Estado, lo imponen los delincuentes. Y cuando eso pasa, no hay paz: hay sometimiento silencioso.