Este es un año de expectativas, cambios y decisiones profundas. Colombia entra en un ciclo electoral que definirá el rumbo del Senado y de la Presidencia de la República. El viejo refrán lo resume bien: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Nuestra historia lo confirma.
Barranquilla es reconocida como ciudad modelo e importante referente de gestión público-privada en el país. Para que este desarrollo continúe debemos mantener nuestro compromiso por la ciudad; si todos le aportamos y la cuidamos, más florecerá.
Es verdad que hay una diferencia abismal entre lo que gana un obrero de salario mínimo y lo que devenga un congresista. La solución está en una ley de equilibrio en los ingresos que comprenda no solamente a los parlamentarios sino a todos los funcionarios públicos de niveles medio y alto.
En Colombia el gas se agota cada día aumentando las costosas importaciones y la producción de petróleo/día cae. Con voluntad y disciplina estaríamos a tiempo de evitar la lección, pero no lo lograremos si se sigue imponiendo una transición energética con argumentos espurios.
‘Morir en la arena’ es, sin proponérselo, nuestro espejo. Lo triste del caso, es que estos modelos populistas se creen moralmente superiores y terminan construyendo para hoy y destruyendo el mañana. Así cautivan a más de uno. Estamos aún a tiempo de darnos cuenta.