El natalicio número 100 de Delia Zapata Olivella no es solo una conmemoración cultural, es una oportunidad para refrescar la historia de un país que, gracias a su obra, aprendió a reconocerse en la riqueza de sus tradiciones populares.
Fue bailarina, coreógrafa, investigadora y gestora. Delia dedicó su vida a dignificar las expresiones afrocolombianas, indígenas y campesinas, a construir una narrativa de identidad basada en el mestizaje.
Hoy, cumpliéndose un siglo de su nacimiento, su legado sigue vivo en escenarios, aulas y territorios. Por ello, EL HERALDO conversó con personas que hicieron parte de su círculo cercano y que hoy continúan su obra. Todos ellos coinciden en que su influencia trasciende lo artístico, pues fue una creadora de pensamiento, comunidad y país.
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Una maestra incansable
Para su nieto Ihan Betancourt, actual líder de la Fundación Instituto Folclórico Colombiano y del grupo escénico El Palenque de Delia, la figura de su abuela va más allá del reconocimiento público. La recuerda como una mujer profundamente humana, cariñosa y observadora.
“Era una figura matriarcal muy fuerte, pero también alguien que siempre buscaba lo mejor de las personas. En mi memoria, la imagen de Delia no es solo la de la artista en escena, sino la de una mujer trabajando sin descanso en su casa. Ella cosía vestuarios, corregía coreografías, investigaba y formaba a nuevas generaciones”, contó Betancourt.

Su nieto destacó la capacidad de trabajo de la artista como algo extraordinario. Aseguró que Zapata tenía una habilidad casi sobrehumana para coordinar múltiples tareas y darles sentido. Todo lo que hacía estaba conectado con su visión cultural.
“Mi abuela Delia ayudaba a niños perdidos en la calle a reencontrarse con sus familias. Eso me marcó profundamente, porque mostraba su compromiso con el otro, más allá del arte”, dijo.
Libertad e identidad
Uno de los mayores legados que dejó la investigadora en su familia y discípulos fue la libertad de pensamiento. Para Betancourt, su abuela inculcó una forma de ver el mundo basada en la valoración integral de la cultura colombiana.
“Ella insistía en que nuestra identidad es mestiza, resultado de raíces indígenas, africanas y europeas. No privilegiaba una sobre otra, sino que enseñaba a entenderlas como un todo”, explicó.
Ese enfoque también se reflejaba en su obra artística. Delia buscaba resaltar la belleza en la simplicidad de las tradiciones, según lo que comentó el líder a esta casa editorial. Esto se reflejaba en los utensilios, el vestuario, los gestos cotidianos de campesinos, pescadores y trabajadores. Su apuesta no era la espectacularidad, sino la esencia.
“Además, su labor no se limitó al escenario. Fue una investigadora rigurosa que estudió antropología, etnografía y música para desarrollar una metodología pedagógica que permitiera transmitir ese conocimiento de manera estructurada”, agregó.

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Legado que se reinventa
Hoy, ese pensamiento continúa en El Palenque de Delia, agrupación que sigue activa bajo la dirección de Felipe Guerra Baquero. Para él, el centenario representa una oportunidad para acercar al público a la profundidad del trabajo de la maestra.
“Esta celebración permite entender que Delia fue pionera en la investigación-creación artística. No solo montaba obras, construía conocimiento a partir de las tradiciones populares”, mencionó.
Las actividades conmemorativas incluyen la reposición de obras emblemáticas, como Gente de todos los colores: 4 zonas colombianas, así como funciones, exposiciones y encuentros culturales en distintas ciudades del país.
Guerra resaltó también que uno de los rasgos distintivos del grupo es su enfoque interdisciplinario: “Para nosotros, la danza, la música, el teatro y las artesanías son inseparables. No presentamos un espectáculo, sino una vivencia de las tradiciones”.

La comunidad como eje
Andrea Solano Galvis, gestora cultural y danzante del grupo, destacó el carácter comunitario del proyecto. Según ella, Delia no solo creó una compañía artística, sino un espacio simbólico de encuentro.
“El Palenque es un territorio donde las diferencias se integran. Es una apuesta política desde el arte para construir comunidad y reconocer la diversidad cultural del país”, dijo a EL HERALDO.
Desde su experiencia, el proceso de formación dentro del grupo es riguroso e integral. Incluye no solo el aprendizaje de la danza, sino también la investigación, el trabajo teatral y la comprensión del contexto cultural de cada región. Para Solano, interpretar las coreografías de Delia implica una responsabilidad muy grande.
“Es transmitir memoria, conocimiento y territorio. No se trata solo de moverse, sino de entender lo que se está contando. Uno de los mayores aportes de la maestra fue abrir camino en la profesionalización de las artes escénicas en Colombia, en una época en la que estas eran poco valoradas”, dijo.
Era una embajadora cultural
El impacto de Zapata Olivella también se sintió en el ámbito internacional y así lo explicó María Teresa Rojas, quien trabajó con ella durante años. Recordó cómo el grupo logró posicionar el folclor colombiano en escenarios globales.
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“Lo que llevábamos no eran espectáculos, eran investigaciones escénicas. Eso marcaba la diferencia y generaba un impacto muy fuerte en el público, afirmó.

Según Rojas, Delia actuaba como una verdadera embajadora cultural, construyendo redes, gestionando proyectos y promoviendo el intercambio cultural. Su trabajo contribuyó a que la danza tradicional colombiana fuera reconocida como una expresión compleja y sofisticada. “Hoy existe el riesgo de que el folclor se convierta en un producto de consumo rápido”, agregó.
La celebración de su natalicio se realizará hoy en Bogotá, a partir de las 7:00 p.m., en la Casa Palenque de Delia, con conversatorios y una exposición.
















