El Heraldo
Gustavo Petro en uno de los actos de campaña realizados recientemente.
Política

La Ley del Montes | ¿Todo vale?

Las últimas jugadas de Gustavo Petro para conseguir un mayor número de votantes ha generado inconformidad en las filas del Pacto Histórico. ¿Apuesta exitosa o error garrafal?

La ciencia electoral es muy simple: una elección la gana el candidato que más votos saca. Punto. Es así de sencillo desde el punto de vista matemático de sumas y restas.

Pero resulta que el asunto es mucho más complejo. En los triunfos electorales cuenta mucho la forma como se gana. Un candidato no puede ganar vendiéndole el alma al diablo, porque después tiene que pagar con intereses los compromisos que adquirió durante la campaña. Le ocurrió a Ernesto Samper en 1994, cuya campaña presidencial recibió dineros del cartel de Cali para poder derrotar a Andrés Pastrana. Samper ganó, pero no tuvo un solo día de paz durante sus cuatro años de gobierno. Ni la extradición de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes de esa organización narcotraficante, sirvió para amainar la tormenta del proceso 8.000, escándalo que marcó para la historia el mandato del ex presidente liberal.

El segundo período de Juan Manuel Santos en 2014 también terminó salpicado por otro escándalo. Luego de perder la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga, la campaña oficialista habría recibido dineros provenientes de la multinacional brasileña Odebrecht, según testimonio de algunos protagonistas de ese nefasto episodio, entre ellos el exsenador cordobés Bernardo “Ñoño” Elías, quien sostuvo ante la Fiscalía que dineros de la multinacional ingresaron a la campaña de Santos luego de la primera vuelta. La versión del Ñoño –condenado por la Corte Suprema– ha sido desmentida por la defensa del expresidente. El político cordobés sostiene que entregó $800 millones al entonces gerente de la campaña santista, Roberto Prieto. “A la campaña entraron dineros corruptos”, sostiene Ñoño Elías.

Por cuenta del Ñoño, el nombre de Santos y su triunfo en segunda vuelta seguirán, pues, relacionados con la presunta financiación de Odebrecht.

De manera que lo más importante no es ganar las elecciones, sino la forma cómo se ganan. Al candidato presidencial Gustavo Petro, máxima figura del llamado Pacto Histórico y primero en las encuestas, se le ha desatado una tormenta por sus “coqueteos” con líderes políticos con quienes no tiene ninguna afinidad ideológica o con quienes ha tenido grandes diferencias políticas en el pasado reciente. Varios de ellos, inclusive, han sido objeto de denuncias.

El caso más reciente es el del ex gobernador de Antioquia Luis Pérez Gutiérrez, quien ha tenido acercamientos con dirigentes del Pacto Histórico para que el liberalismo participe de forma conjunta en una consulta popular en marzo.

La posible llegada de Pérez –alcalde de Medellín durante la llamada operación Orión y muy cercano al ex presidente Álvaro Uribe– desató la ira de amigos y copartidarios de Petro, como el senador Iván Cepeda, quien no ahorró palabras de reprochar el desembarque de Pérez en las toldas del Pacto Histórico: “Las elecciones se pueden perder, pero no la coherencia ética”, fue el primero de muchos trinos escritos por el senador del Polo Democrático en el que rechazaba la posible alianza con el ex gobernador de Antioquia.

Ante la tormenta desatada, Pérez debió salir al paso. Explicó que hizo una solicitud al expresidente César Gaviria para que el Partido Liberal –dentro del Pacto Histórico– compita con Petro en marzo. El compromiso que adquiriría el partido es que si llega a perder, tendría que apoyar a Petro.

La explicación de Pérez no logró calmar las aguas petristas, donde más voces se sumaron a la inconformidad expresada por Cepeda. Desde destacadas influencers petristas, como Margarita Rosa De Francisco, hasta precandidatas, como Francia Márquez, manifestaron no estar dispuestas a “tragarse el sapo” de ver a Luis Pérez con la camiseta del Pacto Histórico. “Yo le pido a Gustavo Petro –trinó Margarita Rosa De Francisco– que nos explique con toda claridad a los que creemos en su proyecto político qué significa la movida de Pérez y su combo a la consulta. ¿En qué se van a poner de acuerdo? ¿La cosa es un hecho? ¿Cuál sería el trato?”.

Así las cosas, la pregunta que hoy se hacen algunos seguidores de Petro es la siguiente: ¿Todo vale para alcanzar el triunfo? ¿Tiene sentido ganar unas elecciones para terminar hipotecando un gobierno?

¿Está mal que lo hagan otros, pero está bien que lo haga Petro?

“El Pacto Histórico es entre diferentes, si no, no es pacto”, escribió Gustavo Petro para tratar de contener la jauría que se le vino encima ante la posibilidad de tener a Luis Pérez como aliado. Luego citó a manera de ejemplo al “pacto” de Antonio Navarro con Álvaro Gómez que dio origen a la Constitución de 1991. Ocurre, sin embargo, que esa misma justificación de Petro –de celebrar pactos entre diferentes– es empleada con frecuencia por quienes desde los partidos tradicionales celebran alianzas perversas con el único fin de ganar las elecciones. Para ellos todo vale en su afán por acceder a los cargos de elección popular. Son esos pactos nefandos los que fomentan prácticas antidemocráticas, como el clientelismo. ¿Está mal que lo hagan otros, pero está bien que lo haga Petro? ¿Está mal que los partidos tradicionales conformen alianzas politiqueras, pero está bien que Petro lo haga? Quienes elaboran su discurso a partir del señalamiento público de sus contradictores de ser corruptos, no pueden prestarse para ser a su vez señalados de fomentar prácticas politiqueras y corruptas? Una coalición política que dice luchar contra la corrupción y la politiquería no puede convertirse en una extensa sábana en la que tienen cabida todos los partidos y movimientos políticos señalados de corrupción y politiquería. Estos dos hechos se combaten, no se les abre espacio. Una coalición política no es un bus urbano en el que todos pueden caber. En una coalición política por diversa que sea deben existir unos mínimos éticos y de principios que no pueden ser violentados, mucho menos si de lo que se trata es de ganar una elección.

El dilema de Petro: ¿gana en primera vuelta o no gana?

En la primera vuelta presidencial del 2018 Gustavo Petro sacó 4.851.000 votos, lo que le permitió pasar a segunda vuelta para enfrentar a Iván Duque, quien a su vez obtuvo 7.569.000 votos. En la segunda vuelta Duque sacó 10.398.689, mientras que Petro obtuvo 8.047.449. Ahora bien, no todos los votos sacados por Petro en la segunda vuelta fueron petristas, como tampoco los de Duque fueron “duquistas”. Buena parte de la votación obtenida por Petro correspondió al “voto antiuribista”. Es decir, el de aquellos electores que votaron en contra del “que diga Uribe”. De manera que es un error por parte de Petro decir que cuenta hoy con una votación de 8 millones de votos, cuando la realidad muestra que es mucho menor. Es por estas cuentas que resulta muy difícil que Petro gane en primera vuelta, como aspiran tanto él como sus seguidores. La gran debilidad electoral de Petro es la zona cafetera, en especial Antioquia, donde ha perdido por paliza. En el 2018 Duque le sacó a Petro en Antioquia más de 1.200.000 votos, mientras que Petro le ganó en cuatro departamentos de la Región Caribe. En esta oportunidad, las encuestas muestran que la tendencia se mantiene. Ahí podría estar la razón de la insistencia de Petro por contar con Luis Pérez en las filas del Pacto Histórico. En la medida en que Petro le reste votos a sus rivales en Antioquia, crecen sus posibilidades de triunfo.

El pulso entre Centro Esperanza y Pacto Histórico

En la medida en que se comienzan a consolidar las coaliciones electorales del próximo año, el Pacto Histórico pierde margen de crecimiento. Aunque aún existen diferencias en lo que tiene que ver con la conformación de las listas al Congreso del próximo año, la llamada Coalición Centro Esperanza logró superar un periodo de incertidumbre que empezaba a preocupar. A la postre lograron seducir a Alejandro Gaviria, quien estaba en las cuentas del Partido Liberal, en especial en las de su presidente, César Gaviria. También sumó a sus filas a Ingrid Betancourt, quien acaba de recuperar la personería política del movimiento Verde Oxígeno. Dentro de la Coalición Centro Esperanza también está el ex ministro liberal Juan Fernando Cristo. En lo que tiene que ver con el Pacto Histórico, Petro también tiene una cuota liberal en cabeza del senador caucano Luis Fernando Velasco, así como un representante verde, el ex gobernador de Nariño, Camilo Romero. La idea de unos y otros –Centro Esperanza y Pacto Histórico– es sumar la mayor cantidad de votos, que les permitan una muy buena representación en el Congreso el próximo año, así como llevar a su candidato a la segunda vuelta presidencial. Por ello realizan todo tipo de jugadas y hacen todo tipo de concesiones, aún más cuestionadas y reprochadas. Unos más que otros, eso sí.

Una cosa es sin Alex Char y otra con Alex Char

La decisión de Alex Char de participar en la campaña presidencial del próximo año movió el tablero electoral en toda la Región Caribe, en donde el ex alcalde de Barranquilla cuenta con gran respaldo popular. Char es un candidato con carisma y resultados, mezcla que lo vuelve apetecible tanto para los partidos y movimientos políticos como para los votantes. En su proceso de recolección de firmas para inscribir su candidatura, Char buscará un mayor reconocimiento nacional que le permita competir en igualdad de condiciones con Federico Gutiérrez, Dilian Francisca Toro, Enrique Peñalosa, David Barguil y Juan Carlos Echeverry, quienes hacen parte de La antes de conocía como Coalición de la Experiencia y ahora se llamará Equipo por Colombia. Para el Pacto Histórico la llegada de Char también es un duro golpe, sobre todo en la Región Caribe, donde Petro ha logrado un gran posicionamiento. Pero una cosa es la plaza sin Alex Char y otra con Alex Char, quien cuenta con una gran favorabilidad en las encuestas, tanto en Barranquilla como en toda la Región Caribe, así como en algunas capitales del país. Con Alex Char compitiendo, las elecciones para Petro son a otro precio, al menos en la Región Caribe.

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