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Una familia de tres miembros, de origen mexicano, fue acusada en Estados Unidos de traficar y explotar a compatriotas inmigrantes en granjas agrícolas en varios estados del país, y afrontan penas máximas por cada delito si son declarados culpables.

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El Departamento de Justicia informó este lunes de la acusación contra Martha Zeferino Jose, de 42 años, una mexicana con residencia permanente en EE. UU. que reclutaba de manera fraudulenta a través de su empresa Las Princesas, junto a su pareja e hijo, a trabajadores agrícolas mexicanos con visados temporales H-2A.

Los otros dos acusados son José Rodríguez Muñoz, descrito como un inmigrante indocumentado, y Jeremy Zeferino Jose, de 23 años, mexicano con residencia permanente en EE. UU.

Entre el verano de 2021 y 2022, Zeferino y sus cómplices presuntamente cobraron “importantes comisiones” a los trabajadores por la solicitud de los visados, y a su llegada, “confiscaron sus pasaportes, visas y documentos de identificación para evitar que se fueran”, tras lo que eran obligados a hacer trabajos forzados.

Según la imputación, los acusados forzaron a los inmigrantes a trabajar largas jornadas sin pausas adecuadas o acceso a agua; los alojaron en residencias abarrotadas e insalubres sin calefacción, aire acondicionado, agua caliente ni ropa de cama; no les pagaron los salarios requeridos, y les negaron comida y atención médica.

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Las víctimas, de las que no se detalla un número ni su estado tras las detenciones, fueron forzadas a trabajar en granjas agrícolas e invernaderos en Virginia, Carolina del Norte y Florida.

Además de “prohibirles irse, ir a cualquier sitio solos o hablar con gente ajena al grupo”, los vigilaban y asustaban con la amenaza de reportarlos a las autoridades migratorias", les ocultaban la expiración de sus visados y su obligación de salir del país, y los mantenían allí ilegalmente para su beneficio financiero, agrega.

Cuando el Departamento de Trabajo empezó a investigar la empresa de Zeferino, esta devolvió los documentos a los trabajadores temporales y les ordenó decirles que “todo estaba bien”, mientras que su pareja les amenazó con que serían deportados si contaban “la verdad”, por lo que ambos están acusados de obstruir a la justicia.

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Los acusados acumulan 35 delitos relacionados con el trabajo forzado y conspiración, cuya pena máxima son 20 años en ambos casos, así como captación de extranjeros para lucro, esclavitud, fraude con visados y obstrucción, que van de 5 a 10 años.