El Heraldo
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El Editorial | Los jóvenes reclaman su lugar

Ofrecer oportunidades justas y equitativas a los jóvenes es responsabilidad del Estado, los gobiernos y toda la sociedad. Afectados como están por los efectos de la pandemia demandan soluciones con enfoque diferencial para que su generación no se pierda.

Anderson Hidalgo Castro, de 24 años, vive del diario. Canta en los buses o en los semáforos de Barranquilla y Soledad para conseguir los $ 12.000 de la habitación con abanico donde duerme y tener con qué comer. A ‘Rebel’, como le gusta que le llamen, lo acompañan Negrita y Mayte, dos perras criollas con las que recorre las calles en la maratón del rebusque cotidiano en la que se convirtió su vida desde que llegó de Venezuela hace cuatro años. Su cariñoso abrazo con una de sus fieles escuderas se viralizó en redes sociales, y el joven artista no solo encontró nuevos amigos, un lugar donde vivir y atención veterinaria para sus aliadas perrunas, sino una oportunidad para demostrar su talento con la grabación de un tema musical de su autoría. Anderson tiene hoy motivos para sonreír.

La historia de este migrante maracucho no es muy distinta a la de Jhon Rodríguez, un osado malabarista barranquillero que se gana la vida desafiando el filo de los machetes que pone a ´volar’ durante su acto en un cruce semaforizado en el norte de la ciudad. La suya es literalmente una vida que pende de un hilo para subsistir.

Como ellos millones de jóvenes en Colombia, independientemente de su origen, comparten sueños que se estrellan contra las barreras que la sociedad les deja a su paso dificultándoles el acceso a un futuro digno. La situación ya resultaba extremadamente difícil para esta población, cerca del 22 % del total nacional, y la pandemia se encargó de hacerla aún más extrema. Un problema sistémico de exclusión que se retroalimenta en los elevados índices de fracaso escolar y altas tasas de desempleo juvenil, y que requiere atención prioritaria en medio del abanico de apremiantes necesidades surgidas de la emergencia sanitaria, entre ellas el aumento de la pobreza en la región y en todo el país que habría generado el retraso de una década de avances sociales.

Respaldar a los jóvenes con enfoque diferencial es un asunto de elemental justicia social al ser uno de los grupos poblaciones más golpeados por los efectos de la actual crisis. Entre diciembre de 2020 y febrero de 2021, el desempleo juvenil llegó al 23,5 %, casi 5 puntos porcentuales por encima de la tasa del año anterior en el mismo periodo. Además, el 37 % de los universitarios dejó sus estudios en el primer semestre de este año debido a las dificultades para continuar formándose, según la Asociación Colombiana de Universidades, Ascún.

Este panorama desalentador en el sistema educativo y mercado laboral asociado a los jóvenes, sobre todo a las mujeres, impacta no solo sus metas profesionales al empujarlos a aceptar contratos precarios o a caer en la informalidad, sino que afecta su ámbito personal porque complica su proceso de emancipación familiar. Conseguir un primer empleo no es fácil, mucho menos ahora cuando se debe lidiar con un entorno empresarial en crisis y una economía a la que le cuesta reactivarse por los cierres derivados de las nuevas olas.

Volver el tiempo atrás no es posible, y si los jóvenes cuando les corresponde no viven a plenitud alcanzando el desarrollo de todo el potencial de su talento y energía  cada vez les costará más dar los siguientes pasos, lo que acrecentará su enorme malestar por la falta de opciones o de competencias a las que han sido sometidos. Desatender sus evidentes necesidades equivale a propiciar un desequilibrio que ni el Gobierno ni ningún actor político, social o económico debiera permitir. Los jóvenes deben ser parte esencial de la recuperación como baluarte de una sociedad que ofrezca garantías y oportunidades para todos.

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