Editorial

El Editorial | Los jóvenes importan

La educación y desempeño laboral de los jóvenes están en riesgo por la pandemia y se requiere una intervención con enfoque diferencial.

Europa vuelve a estar en alerta por la proliferación de la Covid-19. Los contagios aumentan y el idílico verano anhelado por millones de personas para disfrutar de vacaciones con familia y amigos, luego de meses de encierro y restricciones, se convirtió en una pesadilla para quienes intentan desesperadamente regresar a sus países de origen y evitar quedarse ‘atrapados’ en sitios de descanso ahora que los gobiernos deciden nuevas cuarentenas para frenar la expansión del virus.

España prohibió fumar al aire libre, ordenó el cierre de los sitios de ocio nocturno y limitó el horario de restaurantes debido al rebrote que frenó en seco las esperanzas del sector turismo de salvar un año nefasto con hoteles semivacíos, reservas canceladas, negocios de temporada al borde de la quiebra, pérdidas multimillonarias y lo más lamentable, centenares de miles de personas sin trabajo. El Ministerio de Salud de ese país considera que su principal foco de contagio son las aglomeraciones de personas que acuden a bares y discotecas, por eso resuelve su cierre.

Lo que hoy afronta España y el resto de países europeos obliga a reflexionar acerca de la importancia de convivir con el virus y lograr un equilibrio. Mantener bajo control la curva y evitar que escale a una nueva ola epidemiológica es un desafío que compete tanto a autoridades como a ciudadanos, entre ellos a los jóvenes que, con sobradas razones, dicen estar especialmente hastiados por un ‘encierro’ tan prolongado y limitante de su movilidad. Comprensible. A juicio de los expertos, la salud mental y emocional de los adolescentes y jóvenes del mundo está resultando afectada por el estrés, miedo e incertidumbre desatados por la pandemia, provocándoles fuertes sentimientos de depresión, desesperanza, ansiedad o enojo.

Un reciente estudio de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, revela un impacto "sistemático, profundo y desproporcionado" de la pandemia entre personas de 18 a 24 años y más agudo en mujeres. La actual situación dificulta o impide sus oportunidades de estudiar o trabajar, de practicar sus deportes o actividades físicas y artísticas favoritas y afecta sus relaciones de pareja. En el caso de países como Colombia, el acceso a las clases en línea ha sido un obstáculo constante, lo que ha exacerbado sus temores frente a retrasos o fracasos de su formación o en relación con su ingreso al mercado laboral.

A pesar del ‘efecto negativo’ o del pesimismo que esta inédita crisis sanitaria alcanza en los jóvenes, su papel es fundamental a la hora de despertar conciencia y responsabilidad individual y colectiva para detener la transmisión del virus, que suma más de 21 millones de contagios y más de 760 mil fallecimientos en todo el planeta. La Organización Mundial de la Salud los llama a involucrarse de manera más responsable en esta lucha y a entender que aunque la gravedad de su afectación es menor a la que pueden afrontar las personas mayores, "no son invencibles" y deben guardar las mismas medidas de autocuidado y protección que el resto de la población.

Repensar sus actividades de ocio y diversión, el disfrute de su tiempo libre y la forma como están relacionándose con sus seres queridos en este crucial tiempo de pandemia es esencial para minimizar riesgos y reducir cualquier nuevo impacto que añada más tensión a su deteriorada salud emocional. 

Nuestros jóvenes importan. Su educación y desempeño laboral están en riesgo. Sería un disparate mayúsculo, una descomunal insensatez, dejarlos a su suerte y condenarlos a convertirse en una ‘generación perdida’ con consecuencias devastadoras para sus vidas, entornos y para el mismo desarrollo humano del país. Pensar en todos en esta pandemia también exige considerar enfoques diferenciales para ellos reforzando estrategias de inclusión y nivelación en educación, acceso a medios virtuales, matricula cero y facilidades económicas para los universitarios, además de apoyo psicosocial para que puedan seguir formándose, así como políticas de reintegración al mercado laboral con estímulos para los empleadores que vinculen jóvenes. Unir esfuerzos para no dejarlos atrás es responsabilidad de todos.

 

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