Los primeros meses del 2026 han vuelto a poner el foco de los temas de discusión en Barranquilla en la Universidad Autónoma del Caribe, y no precisamente por noticias positivas, sino por los ruidos que en su momento generó la elección como rector en propiedad del delegado del Ministerio de Educación Nacional, en el marco de la vigilancia especial que está ejerciendo en la institución.

Ese proceso provocó el rechazo y el cuestionamiento de distintos sectores de la comunidad educativa, alegando que los miembros del Consejo Superior, en su mayoría, habían sido nombrados por quien hoy está al frente de la universidad, en tanto que es evidente que la intervención del Gobierno nacional no ha logrado el objetivo de sacarla adelante. Por el contrario, el deterioro de la infraestructura y la crisis financiera se ha agudizado, cada vez hay menos estudiantes y las deudas –como lo han reportado sindicatos y el representante de los egresados en el Consejo Superior– se han multiplicado. Hoy superan los 200 mil millones de pesos.

Y en medio de esa tormenta que vive la que fuera una de las universidades más importantes de la región Caribe, un nuevo capítulo sacude la cotidianidad de la alma mater, que no ha tenido paz desde el 2013, cuando su entonces rectora, Silvia Gette, viuda del fundador, Mario Ceballos Araújo, fue retirada de su cargo, procesada y condenada a 63 meses de prisión por abuso de confianza calificado y agravado por transferir un millón de dólares de las cuentas de la institución a una cuenta personal en Estados Unidos. También fue inhabilitada para asumir cargos en ese periodo de tiempo.

Esta semana que pasó , Gette y su abogada revelaron la decisión en primera instancia de un juzgado de Barranquilla que le restituyó sus derechos frente a la rectoría de la Universidad Autónoma del Caribe y que –de acuerdo con lo expresado por ambas– le permitiría a la colombo -argentina asumir nuevamente las riendas de la universidad, alegando que su salida hace trece años se hizo de forma ilegal.

No obstante, Jorge Senior, hoy rector, anticipó en un comunicado que acudirá a las instancias legales correspondientes para revertir la decisión judicial que posibilitaría el retorno de Gette. Apelarán, ha dicho, a los límites de las facultades del juez penal de control de garantías, la vigencia del actual estatuto general, así como a la competencia del Consejo Superior y el Ministerio de Educación en materia de inspección y vigilancia.

La propia Silvia Gette ha dicho que es cuestión de días para que, una vez se surtan los trámites administrativos, pueda volver a asumir la rectoría, que tuvo a cargo por cerca de una década.

Se trata de un hecho probablemente inédito, pues no se conocen registros de un hecho similar que se haya presentado antes en una disputa por el máximo cargo de una universidad privada y bajo vigilancia del Ministerio de Educación, que en últimas sería la entidad que tendría, eventualmente, que restituirle su posición a la abogada Gette, pese a que fue también la que en su momento promovió su retiro por cuenta de las denuncias y el proceso por manejos inadecuados en los fondos de la institución.

Habrá que esperar que se conozca el texto completo del fallo de primera instancia, al que, por supuesto, le caben nuevos recursos legales y seguir de cerca esta nueva batalla jurídica sobre el manejo de una agónica entidad educativa golpeada una y otra vez por los escándalos penales y de corrupción.

Entre tanto, en el medio están los trabajadores, docentes, catedráticos y, sobre todo, los estudiantes, esos que con el pago de sus matrículas sostienen lo que queda de la visión –“Ciencia para el progreso”– con que fue concebida hace ya 59 años la Universidad Autónoma del Caribe.

Es lamentable y deplorable el estado que hoy muestran los muros, los edificios, las aulas, los laboratorios que en otros años sustentaron la calidad académica de esta alma mater.

A estas alturas, lo que necesita la universidad es una gestión eficiente, comprometida y con un plan que realmente apunte a recuperar la calidad académica y ponga como eje central a su razón de ser: los estudiantes y la generación y transmisión de conocimientos, no el poder ni el dinero.