“Barranquilla tiene que estar orgullosa, Barranquilla tiene que estar orgullosa, de su Junior bravo, que toca y la toca, que juega bonito y a todos derrota”…
El equipo que dirige actualmente Alfredo Arias no es tan estético y vistoso como reza El cumbión del Junior, que retumbó en la ciudad a través de las voces de Juan Piña y Rafael Orozco durante la juniormanía de 1991, con la magia y goles de Víctor Danilo Pacheco, el paraguayo Javier Ferreira e Iván René Valenciano.
Sin embargo, el cuadro rojiblanco de ahora sí es bravo, impetuoso, enérgico, guerrero y con hambre de gloria. Juega bien y con ganas, por eso está, con todo mérito, en la final de la Liga II, donde se enfrentará al Deportes Tolima en una serie de dos partidos por el título. El primer duelo será hoy, en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez, a partir de las 8 p. m.
En el gramado de ese templo del fútbol, que después de este partido se cerrará para someterse a una ampliación y a un mejoramiento general de cara a la final de la Copa Sudamericana 2026, de la cual será sede, Junior saldrá a tratar de bordar la undécima estrella en su escudo.
‘El Tiburón’ buscará sumergirse una vez más en un mar de gloria, con la seguridad de Mauro Silveira, la experiencia de Javier Báez, la firmeza de Jermein Zidane Peña, la lucha de Didier Moreno, la energía de Guillermo Celis, la gambeta de José Enamorado, la movilidad de Guillermo Paiva, las soluciones de Teófilo Gutiérrez, el oportunismo de ‘Tití’ Rodríguez y el corazón que puso todo el equipo para imponerse en el complejo cuadrangular A, donde pasó por encima de tres clubes grandes como Atlético Nacional, América y Medellín.
Aunque los equipos paisas eran los ultrafavoritos de la prensa del interior y se veía con total escepticismo la posibilidad de un Junior finalista —incluso parte de su propia hinchada era incrédula—, este grupo, liderado por el entrenador uruguayo, ha sido capaz de superar y compensar sus debilidades para mantenerse en pie de lucha. Resiliencia pura. No se ha frenado ante las adversidades. Contra viento y marea, ha seguido adelante y está a un solo escalón de subir a lo más alto.
Hay mucho mérito en Arias, que, a pesar de algunas piezas que no se alcanzaron a contratar a principio de temporada (un volante ofensivo y un delantero), supo arreglárselas con lo que tenía y, en su primer semestre como técnico de Junior, lo metió en una final.
El uruguayo comenzó muy bien su ciclo. En las cinco primeras fechas ilusionó; después hubo titubeos e irregularidad en el juego de sus pupilos, pero no claudicó: resistió, trabajó, corrigió y, en los cuadrangulares semifinales, recompuso y cuajó una competitiva versión de Junior. Ahora viene la cita con la gloria que puede inmortalizar su nombre y el de sus jugadores en la historia del club.
No le resultará fácil ante un oponente duro de ganar, que clasificó a la instancia decisiva saliendo airoso e invicto de su cuadrangular. El Tolima de Lucas González es un colectivo bien trabajado y con una base de jugadores que, desde hace rato y con distintos entrenadores, viene bregando por alcanzar una estrella.
Es una final pareja, muy del fútbol colombiano, donde cualquiera le gana a cualquiera y realmente no existen superfavoritos, más allá de lo que se termine instalando en los medios deportivos nacionales durante las diferentes instancias de la temporada.
En el fútbol se puede ganar, empatar o perder: los tres resultados hacen parte del deporte, y el aficionado, tarde o temprano, termina aceptando el que le toque vivir con su equipo. Lo que el hincha jamás perdonará es que no se entregue todo el sudor y el esfuerzo en busca de los objetivos.
Junior debe mantenerse con el cuchillo entre los dientes, batallando cada pelota y dejando el alma en la cancha, como en esos dos partidos que se le ganaron 2-1 a Atlético Nacional y a América de Cali, en un ‘Metro’ a reventar. Ya después se verá si su denuedo es premiado o no con el trofeo de campeón, pero seguramente su público sí se lo reconocerá.
Por tercera vez consecutiva, el Coloso de la Ciudadela se llenará con el colorido y el aliento de una afición que ha sido fundamental para la revitalización del equipo durante los juegos, y que ha demostrado que, cuando se propone apoyar, no hay ninguna que la supere en el país.
Existe mucha ilusión y efervescencia en la ciudad con esta nueva final de Junior, la número 13 en la historia de los torneos cortos. Es el segundo equipo con más disputas por el título después de Nacional (16).
Ojalá se quede esa estrella en el cielo barranquillero. No cae mal otra en esta época navideña. Es el aguinaldo que todo juniorista espera.







