Compartir:

En un clima de abierta confrontación política y, al mismo tiempo, de interesantes perspectivas de progreso en materia económica y social, Colombia celebra hoy su fiesta nacional. El 20 de julio de 1810, hace 204 años, se produjeron en Santa Fe de Bogotá unos incidentes entre la oligarquía criolla y la Corona española que desembocaron en la denominada Acta de Independencia, que, en puridad, no era tal, ya que reconocía la soberanía de Fernando VII, el monarca español que dos años antes había sido depuesto por el emperador francés Napoleón.

Aquel 20 de julio, sin embargo, puso en evidencia el enorme descontento que existía en la colonia neogranadina con respecto a la metrópoli española, y fue, sin duda, el punto de partida para el proceso de emancipación que culminaría nueve años después, el 7 de agosto de 1819, con la Batalla de Boyacá.

El día 20 de julio está, pues, grabado con tinta indeleble en la configuración del sentimiento patriótico colombiano. Ahora bien, ¿en qué consiste hoy ese sentimiento? ¿Ha variado el concepto de patriotismo con el tiempo?

En un informe que publicamos en la edición de hoy, varios expertos hablan sobre este asunto y, matices aparte, coinciden en que en la actualidad el patriotismo de los colombianos se canaliza mayoritariamente en los éxitos deportivos, como se pudo apreciar en la reciente actuación de Colombia en el Mundial de Brasil, aunque el orgullo nacional también se proyecta en figuras de otras disciplinas, como es el caso de Shakira en la música o Gabriel García Márquez en la literatura.

Por lo demás, algunos de los expertos opinan que Colombia carece de una identidad nacional fuerte, con un discurso integral de nación que entusiasme a los ciudadanos y los haga sentir parte de un proyecto común, ya que lo que prevalece son los sentimientos regionales de pertenencia.

Es más: muchos colombianos ni siquiera saben con precisión qué sucedió el 20 de julio de 1810, tal como revela un sondeo callejero realizado por este periódico. “Pasó algo con un florero”, señalaban en el mejor de los casos. “Eso me lo enseñaron, pero se me olvidó”, decían otros.

En una fecha como hoy no está de más reflexionar sobre las nociones de patria y patriotismo. Estas, inevitablemente, siempre están asociadas a sentimientos profundos de pertenencia, que, bien manejados (la historia demuestra que bajo la guía de demagogos pueden conducir a desastres), constituyen un elemento aglutinador para el desarrollo de las sociedades.

Ahora bien, ese patriotismo primario (por decirlo de algún modo) puede coexistir, y enriquecerse, con la idea del ‘patriotismo constitucional’ que el filósofo alemán Jürgen Habermas difundió en los años 80.

Este no apela a tradiciones culturales o elementos identitarios étnicos, sino a la asimilación de principios universales recogidos en la Constitución, como el respeto a los derechos fundamentales y a los mecanismos democráticos.

Lo que propone Habermas es llegar a un punto en que los ciudadanos de sientan orgullosos de pertenecer a su país porque en él se promueven y defienden valores que reflejen un refinamiento en el concepto de civilización.

El ‘patriotismo constitucional’ es, como todo, susceptible de discusión. Para empezar, habla de democracias liberales, y habrá quienes aún consideren que existen sistemas mejores. Sin embargo, es un excelente punto de partida para conversar sobre patriotismo en un día como hoy.