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Un hombre viaja de São Paulo a Recife, en Brasil, con la intención de reencontrarse con su hijo. No lleva armas. No parece peligroso. No está huyendo de nadie, al menos en apariencia. Pero pronto descubre que lo siguen, que lo observan, que su nuevo refugio es una trampa silenciosa. Así comienza El agente secreto, la más reciente película de Kleber Mendonça Filho, que se estrena este jueves en cines y llega respaldada por cuatro nominaciones al Óscar.

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Ambientada en 1977, en los años más tensos de la dictadura militar brasileña, la película se instala en la ciudad costera de Recife durante la semana del carnaval. La fiesta popular funciona como telón de fondo para una historia de vigilancia, paranoia y corrupción. El protagonista, Marcelo, es interpretado por Wagner Moura, quien ya ganó el Globo de Oro por su papel y buscará el Óscar.

Años de pensamiento

Mendonça Filho llevaba pensando en esta historia “durante muchísimo tiempo”. “Al principio, tenía este título, El agente secreto, para una historia diferente que intenté escribir pero que nunca funcionó como guion. Mantuve el título cuando di un giro hacia otras ideas”.

El resultado, explica, es una mezcla de impulsos: el deseo de hacer un thriller, el reto de rodar una película de época y la experiencia de trabajar con archivos durante los siete años que le tomó realizar Retratos fantasmas.

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El año 1977 es clave en la vida del cineasta. “Creo que ese es el primer año que puedo recordar realmente”, dice el director. Evoca una crisis familiar, la enfermedad de su madre y un tío que lo llevaba al cine casi a diario. “Recuerdo los aromas de 1977, recuerdo la textura de la época, cómo se sentía Brasil. Lo que quería aquí era capturar la lógica de ese periodo”.

Esa lógica aparece desde la primera secuencia: un cadáver olvidado en la calle en pleno carnaval. “Recuerdo muchas situaciones, de niño, en las que vi gente muerta en la calle”, cuenta. “La situación con la que arranca la película es ficción, pero recuerdo historias acerca de gente que fue olvidada, cuyos cadáveres jamás fueron recogidos porque era un día de asueto nacional”. No se trata de subrayar la violencia, sino de mostrar cómo funcionaban las cosas.

Más allá de la dictadura

Aunque la dictadura es el contexto inevitable, Mendonça Filho no quiso hacer una película que respondiera a las convenciones del subgénero. “Siempre que le decía a la gente que la película estaría ambientada en 1977, la primera palabra que surgía era ‘dictadura’. Y eso está bien… El reto era hacer una película acerca de la lógica de esos tiempos, sin cumplir con todos los requisitos de las películas sobre la dictadura”.

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