El Heraldo
Opinión

No me asustes

Conservo la esperanza de que un día, las ideas puedan ser más fuertes que los señalamientos y los odios. Espero con anhelo que la inspiración mitigue el miedo y que las voces de los aspirantes a la presidencia de Colombia no sean, ni susurros cargados de venganza, ni gritos histéricos llenos angustia instaurando el pánico al presentirse derrotados por su opositor.

No me espantes, no me azuces, no me alteres ni me pintes  de fantasmas las paredes. No me asustes, no confundas mis ausencias con temores, no me agites, no me uses, no me lleves al martirio del terror, no me luzcas desahuciado, no me escondas tus verdades, no me mientas, no dibujes tus falacias en mi mente, no me brindes tus herencias, no te instales en la silla del recibo de mi espacio cómo espanto, no me lleves a la sombra, no me enseñes tus colmillos, no te arrastres ni me arrastres por el barro en tus caminos, no me expreses más tus ruidos. No me asustes. No me lleves a la ruinas que imaginas son de otro, no me embriagues, no me hables de castigos, no me invites a tus filas de valientes asustados, no te tomes mis alivios, no me hurtes, no destruyas mis semillas, no me hieras, no arrebates mis abrigos, no me expongas, no me asustes. No me muestres más los monstruos que en tus cuentos se apropiaron del destino, no me mates, no me humilles, no me sientas desvalido. No desprecies mis sentidos, no subyugues mis anhelos, no me rifes.

No me ahuyentes, no me lances al vacío, no me mires con revancha, no cobres tus dolores, no me asustes. No alboroces los fandangos, no me extingas, no me lleves al extremo, no me fuerces, no me obligues, no me compres. No señales objetivos, no separes, no dividas, no me partas, no derrumbes mi ejercicio, no me acoses, no apuntales, no me oprimas, no derroches tus virtudes en los males de tus males, no defiendas atacando, no me ataques, no reduzcas entre lodo tus palabras, no me bañes en las sobras del calado de tu alma. No me escupas tus rencores. No me asustes. No me quieras malqueriente, no me ahogues, no me vendas, no me empujes al suplicio, no me apenes, no condenes mi mañana, no me amargues, no entorpezcas más mis pasos con arengas vengativas, no entristezcas mis mañanas, no me mortifiques. No fastidies mi silencio con tus gritos y tus ruidos. No me sacrifiques, no disgustes más mi espíritu, no me hables, no me digas, no llames, no me muestres más los bandos de los buenos y los malos, no me turbes las mañanas con ocasos estridentes, no me pasmes, no congeles mis miradas en los vidrios rotos de tus ojos, no sanciones mis derechos, no me ciegues, no embalsames tus misterios, no me castres, no maquilles tus tropiezos, no me omitas tus pecados, no escabullas tus verdades, no me hundas, no me asustes. No avergüences más mi origen, no me estrujes,  no apabulles mi ideas. No fatigues mis respiros, no me irrites, no me hastíes, no me enfades. No soporto tus ataques, no te burles, no me asaltes, no me atraques, no me quites el aliento.

Conservo la esperanza de que un día, las ideas puedan ser más fuertes que los señalamientos y los odios. Espero con anhelo que la inspiración mitigue el miedo y que las voces de los aspirantes a la presidencia de Colombia no sean, ni susurros cargados de venganza, ni gritos histéricos llenos angustia instaurando el pánico al presentirse derrotados por su opositor.

Mantengo vivo el sueño que una mañana de domingo, un poema sea un discurso y se restaure la ilusión. ¿Acaso no ha sido suficiente? ¡No me asustes!

 

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