Gracias a los investigadores del consorcio Telescopio Horizonte de Sucesos (EHT, en sus siglas en inglés) esta semana pudimos ver por primera vez la foto de un agujero negro. La ciencia sabía hace tiempo de la existencia de este fenómeno, pero nunca hasta ahora se había captado la imagen de uno de ellos. No sé valorar el valor científico de la hazaña, pero sí que la foto no era necesaria para demostrar la existencia de los agujeros negros. Los que siempre han creído en ellos no necesitaban prueba gráfica y otros que niegan que existan estos fenómenos en el espacio no se dejarán impresionar por una simple foto tomada a 55 millones de años luz. En fin, hay gente que cuestiona que el hombre haya llegado a la luna o cree que Elvis sigue vivo.
En el pasado había uno o dos ignorantes por pueblo o por barrio que defendían sus teorías y creencias contra toda evidencia. Hoy estas personas están conectadas a la red global, lo cual multiplica y amplifica sus estulticias y arrastran a otra gente. Por ejemplo, hay cada vez más padres que rechazan que sus hijos sean vacunados contra enfermedades infantiles, causando graves problemas de salud para todo su entorno. Nueva York ha declarado el estado de emergencia pública por una epidemia de sarampión, una enfermedad que había sido erradicada. Estos padres y madres simplemente no se creen la labor de miles y miles de investigadores sobre los beneficios de las vacunas.
Supongo que es difícil reprocharles mucho cuando el propio presidente de EEUU, el señor Trump, descarta las conclusiones de sus científicos sobre el cambio climático con un lapidario “No me lo creo”. Para él, su opinión vale lo mismo que cualquier estudio empírico y más cuando queda escrita en Twitter. Trump ha puesto de moda los “alternative facts”. Pablo Casado, el candidato de la oposición conservadora a las elecciones del próximo 28 de abril en España, es también fan de los hechos alternativos. Casado pinta una imagen apocalíptica de la economía de su país, a pesar de que crece más que ningún otro en Europa. Da igual. Como es absolutamente imposible convencer a un separatista catalán de que una Cataluña independiente, de entrada, no formaría parte de la Unión Europea. Lo dice la Comisión, los expertos y, last but not least, los tratados vigentes. Pero no hay manera. Como resume bien Santiago Abascal, el líder del partido ultraderechista español Vox, “ninguna razón es tan poderosa como la emoción”.
El rechazo a las vacunas tiene solución: hacerlo obligatorio como ya ocurre en algunos países, como Francia o Italia. En fin, no se trata de proteger a las familias de su propia estupidez, sino de proteger a los demás. En cuanto a las creencias y emociones en política, es más complicado. Resulta difícil prohibir que una persona vote a un político lleno de mentiras cuando el votante está convencido de estas mentiras, o por lo menos desea que sean verdad. Hay una vacuna contra el sarampión pero, desafortunadamente, no contra la ignorancia y la manipulación.
@thiloschafer








