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Actualizado hace 7 meses

Nuestros vecinos cósmicos.

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La noticia de que se habían descubierto en el espacio 7 planetas parecidos a la tierra, con una temperatura ambiente que permite la existencia del agua corriente, con un diámetro y masa como los de la tierra, revivió la vieja sospecha de que no estamos solos en el universo.

Desde muy antiguo filósofos y teólogos han sospechado esa vecindad. Es un absurdo que solo la tierra, entre millones de estrellas y planetas sea el único habitado, decía el dominico Sertillanges; lo había escrito en su libro Los mundos estelares y sus habitantes el sacerdote alemán José Pohle en 1884: “Es conforme al fin último del universo que esté poblado por criaturas capaces de alabar al Señor”.

Pero antes que ellos, los filósofos epicúreos sostuvieron la existencia de seres racionales fuera de nuestro planeta. Junto con los teólogos y los filósofos, hay científicos que han mantenido la misma convicción. Catedrático en Gotinga y en Heildeberg y doctor en Ciencias Naturales, Hans Elssaser afirma que “ es  monstruosamente grande el número de posibles oasis de vida en los alrededores del 1% de las estrellas…Pensar que somos los únicos en el universo parece un delirio de grandeza”. 

El catedrático de la Universidad de Heildeberg, Hans F. Ebel, doctor en ciencias naturales se pregunta por la forma de vida posible fuera de la tierra, y rechaza que pueda ser vida inteligente; se trataría de formas de vida inferiores; admite sin embargo la existencia, en nuestra galaxia, de millones de planetas habitables. Pero el profesor Joachim Illies cree que “no buscamos seres inferiores, sino civilizaciones superiores. Buscamos posibles maestros, que nos puedan enseñar algo”.

También cree en la vida extraterrestre el astronauta James Mc Divitt; su experiencia en el espacio exterior como comandante de la Apolo 9 le dice que “un día encontraremos seres viviente s en otros planetas”.

A esa convicción, puramente empírica, lo mismo que a la persuasión de los científicos, se opone el razonamiento del profesor Pascual Jordan de la Universidad de Hamburgo: “el proceso del origen de la vida es un fenómeno tan anormal e improbable que la  naturaleza solo puede realizar en la tierra y solo una vez”. 

Según estos científicos la vida humana es “un fenómeno único e irrepetible en el universo”.

Los teólogos, a su vez, se hacen preguntas: si hay vida humana en otros planetas. ¿Allí se manifestó Cristo? Creado como el hombre, ¿esos seres necesitan la revelación de Dios y la encarnación? Menos especulativos, científicos como el profesor de Heildeberg, Sebastián von Hoerner, se hicieron la pregunta que hoy se está repitiendo: ¿Cómo llegar a esos vecinos en el universo? Y agrega con precisión científica: nos separan de la civilización técnica más próxima, 800 millones de años luz. Un viaje que en la idea y vuelta duraría 1600 años. A pesar de todo, calculó si los combustibles utilizados disminuirían la duración del viaje. ¿La energía nuclear? Con la técnica adecuada podrían desarrollar 30.000 kilómetros por segundo; el viaje duraría 17 mil años. La fusión  del hidrógeno, que desarrollaría 1/5 de la velocidad de la luz, haría el viaje en 8000 años.

Sin dar su brazo a torcer siguió la búsqueda de un medio de comunicarse con estos lejanos vecinos. Telescopios, radiotelescopios, amplificadores para escuchar  al vecindario cósmico, pero nadie ha respondido al grito lanzado desde la tierra: ¿quién está ahí? Nada indica, pues, que se haya roto la soledad de los humanos en el universo.

Jrestrep1@gmail.com

@JaDaRestrepo

Imagen de said.sarquis

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