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Opinión

Futuro de dos canales

En el año 1650 los españoles abrieron el Canal del Dique con el interés de que las embarcaciones que salían y llegaban a Cartagena no tuvieran que navegar por la turbulenta desembocadura del río Magdalena sobre el mar Caribe, y así, con la apertura de ese canal se consolidó por dos cauces definidos los últimos kilómetros de nuestro gran río, dividiendo el caudal de sus aguas y sus sedimentos en dos direcciones y hacia dos destinos: Cartagena y Barranquilla. Más de 300 años después de abierto el Canal del Dique se trasladó nuestro puerto, de Puerto Colombia a la margen occidental del río Magdalena, a 22 kilómetros de su desembocadura, y para convertir este tramo en un canal navegable construyeron unas obras hidráulicas de enorme magnitud, como lo son aún, los tajamares de Bocas de Ceniza. Ni con los actuales mayores recursos de la Nación y la moderna tecnología existente, Colombia podría construir hoy unas obras como el Canal del Dique y los mencionados tajamares. Es más, de vainas si han podido medio mantenerlos. Pero ahora vemos cerca una obra de gran envergadura como lo es un sistema de exclusas y compuertas en el Canal del Dique, una de estas últimas en Calamar. Y es ahí donde nace una serie de incertidumbres. 

El Magdalena con su máximo caudal baja con 16.000 m3 por segundo y aproximadamente el 10% de esas aguas entran al Canal del Dique, y el 90%  siguen hacia Barranquilla. ¿Podrán nuestros descuidados tajamares y toda la infraestructura de nuestra ribera resistir esos 1.440 m3/seg. de mayor caudal? ¿Podrán resistirlo las defensas con que cuenta nuestro Departamento para que todo el sur no vuelva a inundarse? Porque cuando esté cerrada la exclusa de ese canal en Calamar será como si no existiera el Canal del Dique y toda esa mayor cantidad de agua seguirá hacia nuestro departamento y Bocas de Ceniza.

No es solo el incremento del caudal, también en la sedimentación, ya que al llegar a Calamar trae 151 millones de toneladas de sólidos al año, y el 10% se desvía por el Canal del Dique hacia las bahías de Cartagena y Barbacoas, pero mientras la compuerta esté cerrada seguirán esos sólidos hacia el canal navegable de los puertos de Barranquilla. Y ya sabemos lo que representa para nuestra ciudad el canal navegable sedimentado y sin calado. A todas luces será un proyecto que beneficiará muchísimo a Cartagena, pero ¿cuál es el estudio serio con el que se demuestra que todos estos cambios no perjudicarán a nuestra ciudad? ¿Cuál el que demuestra que los súper descuidados tajamares resistirán? No sobraría añadir que como cosa típica en este país, para lo que se refiere a Barranquilla en particular, se invierte el orden cronológico para la construcción de las obras. Por ejemplo, nos complace que se hubiere construido el nuevo puente Pumarejo, pero ¿en qué país del mundo se construiría un cipote puente sin contar siquiera con los diseños de la carretera a la que este va a servir? ¿Y en qué país se adecuaría un canal que nace en un río, antes que al mismo río? ¡Solo en Colombia! Para ello bastaría analizar la dilación extrema para invertir $1.4 billones en la APP del río a lo largo de 671 kilómetros, que desde Barranquilla solo llegará hasta Barrancabermeja. Ojalá que no se priorice la inversión de $4.4 billones para 117 kilómetros en el Canal del Dique. ¡Tenemos que ponernos las pilas! 

nicoreno@ambbio.com.co 

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