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Opinión

Sobre la policía

Con los ánimos tan crispados es muy fácil que rápidamente se pase de los gritos a los golpes, a los ataques y a los disparos.

A pesar de sonar muy sugestivos, los reclamos que piden retirarle el presupuesto y acabar con el cuerpo de policía, que malamente se han importado de otros países, no se pueden tomar en serio. Por muy bonitas y evocadoras que nos parezcan las escenas de los CAI bogotanos convertidos en pintorescas bibliotecas, ese escenario no es sostenible; logran establecer un mensaje de reconciliación y en algo alivian la tensión reinante, pero hasta ahí.

Sin embargo, lo que ha sucedido durante las últimas semanas ha puesto en evidencia, quizá de manera definitiva, la necesidad de reformas importantes. Ante una ciudadanía que encuentra cada vez más en la protesta callejera un medio para expresar su creciente descontento, no se pueden esperar las mismas respuestas de siempre. Al fin y al cabo este no es un fenómeno local. En los Estados Unidos, en Francia y en España, países que cuentan con policías probablemente mejor entrenados y dotados que los nuestros, se han presentado también duras críticas a sus actuaciones frente a las muchedumbres que han perturbado violentamente la cotidianidad. Con los ánimos tan crispados es muy fácil que rápidamente se pase de los gritos a los golpes, a los ataques y a los disparos. Nada parece indicar que esta tendencia cambie en el corto o mediano plazo, de hecho las consecuencias de la pandemia seguramente alimentarán mayores inconformidades.

Marchas y protestas aparte, en las rencillas y delitos comunes, cosa a la que somos tan proclives, tampoco se ven actuaciones del todo eficientes, siendo muy frecuente que se insulte y ataque a los uniformados. En principio, la presencia de la policía debería mermar las intenciones de quienes piensan agredir a sus semejantes, motivando desde algo tan elemental como bajarle el volumen a una fiesta, hasta el desánimo en los planes del ladrón. Para que eso pase la policía debe, además de despertar cierto temor entre quienes pretenden delinquir, contar con el respeto y el apoyo de los protegidos, una combinación que no es nada fácil de alcanzar. No se logrará, desde luego, atacándola y desprestigiándola como está pasando ahora, unas acciones que la debilitan frente a unos y otros y que terminan brindándole un espacio propicio al delincuente, en detrimento del bienestar y la tranquilidad de quienes intentan hacer las cosas dentro de la ley.

En un entorno como el nuestro, tan violento y díscolo, la policía es imprescindible y debe fortalecerse, no debilitarse. Al gobierno, a este o a cualquiera de los que vengan, le corresponderá encontrar el momento oportuno para iniciar un análisis que permita establecer los criterios de una reforma que esa institución está necesitando hace mucho tiempo. Los colombianos necesitamos un cuerpo de policía profesional, bien equipado, financiado, responsable y consecuente con las difíciles circunstancias que nos rodean.

moreno.slagter@yahoo.com

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