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Del teletrabajo a la telepolítica

En Colombia estamos a menos de 6 meses de las elecciones y como ciudadana observo con preocupación tres cosas: el poco uso de las redes sociales como un espacio de debate programático (y no como una jauría de enemigos), la orfandad política de muchos votantes frente a una competencia que no logra persuadir del todo; y la tendencia de una minoría que va creciendo, a hacerse a un lado, a no tomar posiciones, para no caer en discusiones punzantes e incómodas. 

Hace algunos días analizaba en este medio los resultados electorales de Chile que, por su posición de liderazgo en la región, podrían marcar una tendencia en América Latina. Uno de los aspectos que más se ha resaltado en las distintas instancias de reflexión tiene que ver con la elección de los dos candidatos más extremos de la oferta política; sin embargo, poco se ha hablado del tercer lugar, ese que en cualquier otra circunstancia pasaría desapercibido pero que en esta oportunidad traza lecciones importantes para Colombia. 

Lo primero que hay que decir es que el candidato que obtuvo la tercera votación más alta se llama Franco Parisi, es un ingeniero comercial chileno que reside en Estados Unidos y aunque sea difícil de creer, hizo toda su campaña a distancia. Sí, a usted que me lee le digo: Parisi no pisó Chile durante toda la carrera electoral. Aunque el límite con lo absurdo es claro, también sienta un precedente respecto a la forma de hacer política en tiempos de pandemia y en un momento donde las redes sociales y el mundo digital se han apoderado de las comunicaciones. 

El candidato en mención no solo hizo de las redes sociales su mayor aliado, sino que la estrategia discursiva fue clara: hablar de propuestas concretas, con un lenguaje sencillo a segmentos que, si bien reconocían los abusos existentes, no querían experimentar con modelos alternativos al capitalismo ni querían refundaciones idealistas. Curiosamente, el perfil de sus votantes coincide con aquellos que en la literatura podrían llamarse “liberales clásicos”: defienden el libre mercado, las libertades individuales y apoyan iniciativas como el matrimonio igualitario. No obstante, sus principales preocupaciones no son los temas identitarios, son la economía, la delincuencia, la existencia de reglas más justas de competencia. 

El fenómeno Parisi no llega hasta ahí, en ninguno de los debates televisados y organizados por distintos canales pudo participar; sin embargo, frente a la ausencia de debates en esta segunda vuelta presidencial (por la decisión del candidato Gabriel Boric, asociado al Partido Comunista) ha transformado su plataforma digital de Youtube en un centro de análisis y de conversación sobre las propuestas de ambos candidatos.  Su canal incrementa cada día el número de visitantes y lo que es más relevante, sin estar en el país y siendo un “perdedor” ha logrado torcer la mano de los ganadores, presionándolos a moderarse antes de brindar un apoyo decisivo. 

En Colombia estamos a menos de 6 meses de las elecciones y como ciudadana observo con preocupación tres cosas: el poco uso de las redes sociales como un espacio de debate programático (y no como una jauría de enemigos), la orfandad política de muchos votantes frente a una competencia que no logra persuadir del todo; y la tendencia de una minoría que va creciendo, a hacerse a un lado, a no tomar posiciones, para no caer en discusiones punzantes e incómodas.  Es como si no pudiéramos huir de los extremos: por un lado puramente la identidad ideológica visceral y por el otro la apatía absoluta. 

@kdiarttpombo

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