Aunque la reducción de la natalidad es una marcada tendencia en Europa y otras naciones, Colombia necesita una mayor tasa de fecundidad porque estamos por debajo del nivel de reemplazo, que es cercano a un promedio de 2,1 hijos por mujer.

Esta pandemia no solo ha afectado el ámbito financiero, sino especialmente la economía real. Mucha gente se está quedando sin trabajo y sin recursos. La pandemia puso al descubierto nuestras carencias sociales, y anímicamente nos está quitando las ganas de todo, incluso de “aquello”.

Hay que desterrar la falsa idea de que un mayor número de habitantes es sinónimo de mayor pobreza. La población de China, por ejemplo, cuadruplica a la de Brasil y, sin embargo, el país asiático ha progresado más que el suramericano, que está sumido en la pobreza y la desigualdad.

Para continuar con el caso de China, agreguemos que producto de la hambruna que vivía esta nación, en la década de los 70 estableció la ley del “Único hijo”, y mediante lo que denominan “ingeniería social”, se estima que hubo más de 300 millones de abortos.

En 2015 los chinos se dieron cuenta del error de su política de un solo hijo, porque hoy su población se ha envejecido, y con la reducción de la natalidad, la población en capacidad de trabajar ha disminuido de tal manera que, en las regiones industrializadas, en más de la mitad de las empresas hacen falta trabajadores. Debido a esto, el país se ha ido robotizando rápidamente para solucionar el déficit de trabajadores; pero estos robots no reemplazan a los humanos en todo, y se cree que la falta de personas en edad de trabajar puede frenar su crecimiento.

Hace algún tiempo leí un estudio realizado en Francia mediante el cual querían saber cuánto cuesta un hijo cubriéndole todas las necesidades, incluyendo su educación universitaria. Su valor económico se estimó en aproximadamente 1.200 millones de pesos. Es decir que, si no hubiera tenido mis tres hijos, tendría 3.600 millones en el banco.

En Colombia hoy muchas personas no quieren tener hijos, no por egoísmo, sino porque tener un hijo es una decisión difícil de tomar en este país lleno de incertidumbre, con una pandemia que todavía no sabemos si la podemos controlar, escasez de trabajo, grandes riesgos en su vida pública, una reforma tributaria cada dos años y con alrededor de 40 precandidatos a la presidencia.

Por otro lado, a lo largo de la historia, durante las grandes conmociones sociales, como esta pandemia, donde más cambios ocurren es en nuestra vida emocional. Todavía es prematuro para saber el impacto ocasionado por el aislamiento social y el miedo al virus, pero el hecho de que haya menos nacimientos es un dato para tener en cuenta.

Lo que nos hace felices o infelices son nuestras emociones, y aprendemos a sentir felicidad cuando estamos con los otros, especialmente con las personas que amamos: nuestra pareja, hijos y nietos. Nos encanta recibir afecto y darlo. Los hijos son una fuente permanente de afecto, y aunque generan nuevas angustias y miedos, es la experiencia más grata de la vida.

El país necesita crecer demográficamente, y usted puede enriquecer su vida emocional, entonces “sea patriota, tenga hijos”.

joseamaramar@yahoo.com