En uno de sus libros, “Antes del fin”, Ernesto Sábato nos entregó a sus 86 años una especie de testamento: en 1938, cuando estudiaba e investigaba física en el Instituto Curie de París, se encontraba “vacío de sentido y golpeado por el descreimiento”.

Pasó luego al MIT de Boston, Estados Unidos, para enseñar posteriormente Teoría Cuántica y Relatividad en la universidad de La Plata, en Argentina, su tierra natal. Pero ya para ese entonces no podía seguir con su desgarramiento interior. Decidió abandonar la carrera científica, no sin recibir el rechazo de varios de sus profesores y colegas por la decisión que había tomado para dedicarse al arte y a la escritura. Obras suyas como “El Túnel” y “Sobre héroes y tumbas”, sobresalen en el universo literario latinoamericano.

Volví a leer ese testamento profundamente humano, oportuno para una época como la actual cuando la confusión y la deriva tienden a adueñarse de nuestras mentes. Encontré conexiones entre sus palabras y el debate que se ha despertado a partir de lo expresado por la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez al decir escuetamente que “tenemos demasiadas psicólogas, sociólogas, carreras que nos les sirven para tener mejores ingresos”; por lo que hay que promover las carreras en ciencia y tecnología. Según reciente entrevista, el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, reveló que la Asociación acaba de realizar un estudio sobre las necesidades del país en materia de profesiones. Mac Master se deslinda de la frase de la vicepresidenta, expresando, de forma más contextualizada, la necesidad de que los jóvenes estudien carreras más técnicas, dado el surgimiento de nuevos oficios y profesiones, como la robótica y la mecatrónica, igualmente la biotecnología, y las relacionadas con la sostenibilidad y biodiversidad, sin que ello signifique la disminución, por ejemplo, de psicólogos, pues están aumentando las necesidades del cuidado de los seres humanos como los niños y las personas mayores.

Se entiende que en estos nuevos contextos, el Estado promueva carreras profesionales más técnicas en un mundo más tecnificado, pero sin dejar de lado carreras tradicionales tan indispensables como la medicina y el derecho, aunque éstas se apoyen ahora en instrumentos tecnológicos. Además, y no es poco decir, el mercado laboral podrá mejorarse notablemente, si se responde a esas nuevas realidades con profesiones pertinentes. No hay duda de que el estudio de la ANDI, según lo anticipado por el presidente del gremio empresarial, será un aporte importante para el mercado laboral porque son las empresas las que mueven el empleo.

Al final, lo legítimo es que uno estudie la profesión que quiere estudiar. La que responda a su vocación. Muchas carreras artísticas, y otras como literatura, historia, filosofía, música, responden a inclinaciones vitales que los estudiantes prefieren seguir. También lo dijo Sábato al elegir el arte y la escritura: “Quería consagrarme a lo que mi intuición me señalaba”.