Cuando estas desordenadas y futboleras letras escribo (viernes en la mañana en la habitación 429 del hotel Movich de Pereira), no se conoce el cuarto equipo clasificado que junto a Brasil, Argentina y Colombia disputarán, desde este lunes en Bucaramanga, el cuadrangular final por los dos cupos a los Olímpicos de Tokio.
Sin embargo, cualquiera sea el equipo, no creo que vaya a modificar la opinión que tengo con respecto a la superioridad futbolística que demostraron, hasta ahora, Brasil y Argentina, y que los convierte en los dos más firmes candidatos a jugar dichos juegos.
Brasil retomó viejas y ganadoras virtudes creativas. Practica un juego muy elaborado, técnicamente superior y con un compromiso irreductible de todos de participar en el control y manejo del balón. Su mejor versión fue ante Uruguay, su más goleadora, pero más displicente fue contra Bolivia (ganaba 4 a 1 y terminó ganando 5 a 3).
Argentina es menos vistosa y estilista que Brasil, pero tiene personalidad ganadora, equilibrio y jugadores con muchos recursos físicos y técnicos y con recorrido profesional. Fue superior y dominadora ante Colombia, más especuladora, reactiva y con poco juego ante Chile y Ecuador, pero igual de concentrada y efectiva. Sin dudas las dos selecciones, esta vez, como muchas otras veces, ratificaron su poderío y su histórico protagonismo.
Mientras, Colombia espera que sus individualidades salgan al rescate de su frágil e intermitente formato colectivo. Solo ante Ecuador fue más. La presión de Venezuela y la posesión de Chile le desvelaron serios problemas para organizar el juego desde atrás.
La pareja de centrales ha soportado el asedio rival. Benedetti y Carrascal son capaces de transformar en peligro cualquier acción, pero lo hacen por separado y en intervalos muy prolongados. Herrera, el lateral derecho fue el que más evolucionó y ofensivamente es una buena opción. Atuesta tiene carácter y es el volante con mejor desdoble aunque muchas veces atrofia la jugada por excederse en la conducción del balón. Cetré ha sido muy generoso en el esfuerzo físico en las dos fases y el que más remató al arco, pero aún toma malas decisiones.
Tiene capacidad individual para desequilibrar y eso, seguramente, alienta la esperanza del equipo y sus hinchas. Hinchas que, ahora en Bucaramanga, intentarán ser un gran aliado emocional que pueda coadyuvar a equilibrar lo que, futbolísticamente, ha sido inferior a lo demostrado por Brasil y Argentina.








