Uno lo ve correr, dominar la pelota, encarar al rival, disfrutar con el engaño, y no le quedan dudas de que ese endiablado puntero es brasileño. Y él, que efectivamente nació en la tierra del fútbol, cree que puede trasladar un picadito en la playa de una tarde de domingo con los amigos, al mismísimo Santiago Bernabeu y enfrentar, no a sus amigos, sino a Messi y al Barcelona.
Qué desenfado ha mostrado Vinicius en estas primeras fechas como titular en el Real Madrid. Con qué desparpajo y seguridad ha jugado en el triple campeón de Champions, ¡con apenas 18 años de edad! Juega en el costado izquierdo del ataque, pero con la mira puesta en el área rival.
Sus gambetas y vocación encaradora las pone al servicio del peligro. Es eléctrico, frontal y desestabiliza el orden defensivo de los contrarios. No tiene edad aún para especular, asume todos los riegos, se ofrece siempre y quiere el balón siempre, no se esconde.
Es por eso que aparece en las estadísticas negativas de las jugadas frustradas en la resolución final, porque ha sido el gestor de casi todas las situaciones más peligrosas que su equipo ha creado. A él no le interesa aparecer en la estadística de los 100 pases correctos en el centro del campo. Él quiere, y puede, llevarle un problema a su marcador, quiere eliminarlo. Quiere, a través de su potencia y habilidad en la conducción rápida del balón, cargar de una mayor peligrosidad sus participaciones.
Por eso esta más cerca de equivocarse. Vinicius hace dibujos imprevisibles para sus opositores, pero aún no es fino para la jugada pre-gol.
Hasta ahora ha demostrado tener el suficiente carácter y las condiciones para competir en el Real Madrid, lo que sigue es hacer coincidir más veces su desequilibrante juego con la eficacia. Su atrevimiento con la contundencia. Porque para él, y el resto de jugadores profesionales, es obligación dar resultados, producir. Y mucho más si juega en el Real Madrid y en la Selección brasileña.
Los hinchas del Madrid lo han acogido, le expresan su admiración y por ahora le disculpan sus imperfecciones de cara al gol. Pero si no progresa en esa acción, el respaldo puede extinguirse, y el contraste pasional aumentar: amor por la fascinación de su habilidad, odio por su ineficacia.
Y además, y lo más doloroso para el fútbol, es que se pudiera quedar como un buen jugador, pero no como un gran jugador. Su disciplina, su aprendibilidad, sus entrenadores, y el tiempo, ayudarán a su consolidación. A sus 18 años va muy bien.








