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Emociones contrariadas

Detrás de cada acción de los seres humanos hay una emoción que la impulsa, somos absolutamente emocionales.

La palabra emoción viene del latín emotio, que se deriva del verbo emovere, palabra formada por el prefijo “e”, que quiere decir de, desde; y el verbo moveré, que significa mover, trasladar, impulsar hacía. De tal manera que, en toda emoción hay una tendencia a la acción, tanto para lo bueno como para lo malo. La emoción es el producto más poderoso del cerebro, para su creación y expresión se necesita un circuito de señales que van desde el cuerpo que percibe hasta el cerebro que elabora, y de regreso al cuerpo para que se manifieste con una acción para esa emoción; puede ser una palabra, un discurso, un beso, un grito, una carrera.

Detrás de cada acción de los seres humanos hay una emoción que la impulsa, somos absolutamente emocionales. Aquellos que se autodefinen como racionales, están metiendo caña, lo único que están haciendo es controlar sus emociones con el fin de mostrar una imagen de serenidad, intelectualidad, sabiduría, de sensei esquinero. A la hora de la verdad, de las emociones contrariadas, todo racional pela el cobre en defensa de lo suyo. Para confirmarlo, el filósofo y psicólogo William James fue el primero en afirmar que las emociones eran reacciones fisiológicas y no una forma de inteligencia de algunos.

Tenemos emociones individuales y colectivas en el amplio espectro que va de la casa al estadio de fútbol, pasando por el día con día de la economía, la política, la salud, la educación, el trabajo, la diversión. Todo el tiempo estamos coemocionando, tanto en el acuerdo como en el conflicto; tenemos una emoción nacional que no es ni buena, ni regular, ni mala, sino ese producto complejo que nos inventamos entre todos y le pusimos por nombre Colombia.

Se derivan las preguntas. ¿Cuál es la emoción intrínseca de un político que se corrompe y hace uso de su poder para beneficiarse? ¿Cuál es la emoción intrínseca de un individuo que, a pesar de todas las recomendaciones científicas que se le hacen para no contagiarse, arriesga su vida para ir a ver un partido de su equipo de fútbol en el bar de la esquina o tomarse selfies frente al último distractor de la ciudad?

Detrás de cada una de esas acciones hay emociones que los llevan a actuar de tales maneras y que delatan su verdadera intención en la ecuación riesgo/beneficio. Qué importa un carcelazo si, por un momento, pude experienciar la sensación de poder; qué importa que me contagie si, por un momento, pude tomarme unas frías con mis amigos y hablar estupideces sobre fútbol.

Esas exoactuaciones son apenas la punta del iceberg, la emoción que las promueve es la clave para entender lo que está dentro del agua, el verdadero yo y nosotros que somos.

¿Cuál sería la estrategia para cambiar entre todos nuestra perturbada emoción nacional por una más sana? Lo único que sabemos es que debe ser entre todos, está demostrado que una sola persona no puede lograrlo.

haroldomartinez@hotmail.com

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