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Opinión

Centro de mesa

Es inevitable pensar en los familiares, amigos o vecinos que han fallecido y siguen muriendo en medio de esta virosis.

Es vieja costumbre colocar un objeto llamativo o adorno en la mesa del comedor, como algo que le da un toque especial a ese espacio y le imprime un sello familiar. En mi caso, sobre la mesa de mi comedor está el desorden bien organizado, lo que me lleva a una conciencia permanente de saber lo que hay en ella, para no ir a buscar algo en otro lado. En medio de ese desorden mío, siempre hay algo que intenta darle un toque distinto a la mesa, generalmente pan o frutas, porque me resulta fácil “matar el hambre” sin necesidad de ir a la cocina.

Sin embargo, en la pasada semana, la señora que me hace el aseo se pasó de organización y quitó de esa mesa cuanto chéchere había y dejó únicamente un atomizador que contiene alcohol para una limpieza rápida de las manos antes de tocar cualquier otra cosa y exponerme. La imagen que tuve al llegar a casa fue muy triste y me produjo una sensación desagradable en el estómago, una especie de vacío, al observar ese objeto silencioso como centro de mesa de mi comedor, pero muy simbólico, dadas las condiciones actuales por el coronavirus.

Es que mi desorden de cosas sobre la mesa del comedor me trasmite una sensación de vida, de tener cosas que resolver o de buscar en ella objetos que no voy a encontrar, pero se hace la pasada para ver si se da un “por si acaso”. Pero ese atomizador de plástico, transparente, que muestra ese líquido que se acostumbra en hospitales y clínicas, o que sirve en el hogar para resolver males menores junto con el Vick Vaporub, me transmitió un mensaje de muerte, de final de vida, como ha ocurrido con tantas personas en nuestro medio local, para no adentrarnos en estadísticas mundiales. Esa imagen de un frasco de plástico inmóvil con su líquido esperándome para realizar su labor de espantar cualquier contagio por un contacto imprudente de mi parte, me entristeció y se me antojó como algo que se va a repetir en mi mesa de comedor durante mucho tiempo porque esta virosis va a demorar un buen rato con nosotros, matando personas de todas las edades, porque ya quedó demostrado que sus mutaciones pueden ser peor de mortales que la cepa inicial.

Es inevitable pensar en los familiares, amigos o vecinos que han fallecido y siguen muriendo en medio de esta virosis que nos agarró sin ningún tipo de protección o entrenamiento y que ha movido los cimientos de la sociedad mundial, independiente de su nivel de desarrollo.

Su presencia como centro de mi mesa de comedor representa la ausencia de esas personas que ya no están con nosotros y, al mismo tiempo, es un aviso, un recordatorio de nuestra vulnerabilidad y de la necesidad de dar gracias a la vida de la única forma en que podemos hacerlo: cuidándonos.

En algún momento pensé en acomodar el atomizador con alcohol en otro sitio, pero decidí dejarlo como homenaje a los que ya no están para que su memoria no desaparezca y honrarlos.

haroldomartiez@hotmail.com

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