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Poesía sin fin

“Serás culpable si vives como los demás quieren que vivas”.

Después de varios años de silencio en el campo de la cinematografía, Alejando Jodorowski vuelve con una propuesta autobiográfica ambiciosa, que consta de cinco partes. La primera, La danza de la realidad (2013), fue un relato alucinante de su retorcida infancia y la compleja relación que tuvo con sus padres, Jaime (interpretado por uno de sus hijos, Brontis Jodorowski) y Sara (Pamela Flores). Su padre es un inmigrante europeo refugiado de la persecución nazi, que llega a Chile, un medio hostil donde su adaptación no resulta fácil, y los efectos se reflejan en el trato abusivo que tuvo tanto con su esposa como con su hijo Alejandro. 

Poesía sin fin es la segunda parte, que se centra en sus años de adolescencia, cuando los conflictos con su padre recrudecen. Mientras éste sigue trabajando en la misma tienda en Tocopilla, Alejandro (interpretado primero por Jeremías Herskovits y luego por su hijo menor Adan Jodorowski) se siente atraído por derroteros opuestos a la vida de los negocios que su padre vislumbra para él. Los libros, que debe leer a escondidas, y la poesía acaparan su atención, pero su padre se niega a oír hablar de ello. 

La permanente confrontación lo hace decidir partir de casa a temprana edad, y termina viviendo en Santiago de Chile donde se rodea de los artistas e intelectuales de los años 40 y 50. Nicanor Parra (Felipe ríos), Enrique Lihn (Leandro Taub) y Stella Díaz Varín (Pamela Flores) son algunos de los personajes con los que se codea en esa aventura sin fin que es la búsqueda de si mismo y su añorada libertad, hasta que decide partir a París, momento en que se despide de su padre para siempre.

Con escenas a veces cómicas, a veces dramáticas, seductoras y grotescas, la cámara nos pasea por esa etapa de su vida, que nos hace sentir en un viaje surrealista, invocando a Federico Fellini, genio inspirador de Jodorowski. Pero su toque personal es evidente, mezclando las disciplinas en las que ha participado, como el teatro, el circo, la psicología y la magia.

Para quienes están familiarizados con la obra de Jodorowski o quienes vieron La danza de la realidad no resultarán extrañas las metáforas y simbolismos, producto de su insaciable capacidad creativa. La imperante necesidad de escape ante un padre dominante y represivo es evidente, y como mecanismo de defensa, su madre sigue expresándose a través del canto.

Jodorowski, con mas de 80 años, se ha embarcado en un grandioso proyecto que ya ve resultados. Con sus seguidores incondicionales y sus detractores, no parece temerle a nada. Si bien el cine que realizó en los años setenta, con títulos como El Topo (1970), La Montaña Sagrada (1973) y Santa Sangre (1989) se convirtieron en cine de culto por su carácter experimental, psicodélico y surrealista, Poesía sin fin va mas allá, y a pesar de los excesos, toca esa fibra sensible que esconde toda relación padre-hijo, no importa cuan traumática haya sido.

 

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