El Heraldo

Exterminio wayuu

He ido comprendiendo poco a poco lo que piensa un número indeterminado de la población sobre lo que sucede con los wayuu, y me resulta sorprendente lo que escucho. Más que sorprendente es alarmante, porque es una percepción que tiende a culparlos de lo que les pasa en razón de su cultura. Dicen cosas tan incoherentes como que la culpa es del hombre porque solo está pensando en beber chirrinche y bailar la chichamaya, que la mujer hace todo mientras él está bebiendo, que quien come primero es el hombre y después la mujer y los hijos; así sucesivamente, cada vez más peyorativos y descalificadores, al punto de llegar a sentir que se trata de seres despreciables que se merecen su destino o, al menos, seres invisibles exóticos con nacionalidad inexistente que solo aparecen para una foto de algún turista en el desierto o de algún político. He discutido con algunos de ellos, y el punto álgido aparece cuando menciono la palabra que ninguno quiere oír: exterminio. Me dicen que exagero, que tal cosa no está sucediendo. Bien, decidí buscar una definición de exterminio para ver si exageraba y encontré esto.

Desaparición del todo de algo o alguien. Y algo mucho más grave. El crimen de exterminio consiste en la imposición intencional de condiciones de vida, entre otras, la privación de acceso a alimentos o medicinas, encaminadas a causar la destrucción a una parte de una población. Este acto deberá cometerse como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque. En sentido estricto, se trata de un crimen contra la humanidad. Si estos actos se realizan para destruir a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal se convierten en constitutivos del crimen de genocidio.

Solo agrego una aclaración, y no me quedan dudas en que esta definición se ajusta a la situación wayuu: esto puede suceder por acción u omisión.

Los wayuu representan nuestra gran vergüenza nacional, nuestra gran omisión, porque los hemos omitido de todos sus derechos, los hemos abandonado a su suerte como si no existieran en este país; desde los presidentes hasta los últimos en la cadena social hemos sido ciegos y sordos, cómplices de los verdaderos culpables, y hoy asistimos a la danza macabra de verlos morir desde bien niños en hospitales lejos de su desierto, ante la indiferencia de todos nosotros.

No es cierto que la pobreza, la falta de agua, alimentos y medicamentos, el analfabetismo, la explotación económica, el fenómeno de El Niño, el robo de las regalías, el abuso de sus hijas, sea por culpa de los wayuu. Para mí hay dos grandes culpables: el Estado colombiano y el resto de nosotros, ambos por omisión.

Nadie dice nada en este país, el Gobierno no muestra una actitud congruente con esta situación inhumana, los demás miramos a otro lado y callamos; entonces, yo pregunto ¿no es esto un exterminio anunciado?

haroldomartinez@hotmail.com

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