Se nos acaba 2018 y es oportuno visibilizar temas y personajes que marcaron este año tan convulso. Hay una imagen que me impactó y que lo sigue haciendo cada vez que la veo, es la de los migrantes venezolanos, símbolo de una de las peores crisis humanitarias del siglo XXI.
Más de un millón 100 mil venezolanos viven hoy en Colombia, 255 mil de ellos en Bogotá, esto es un 7% más que en octubre. Es el dato actualizado que entregó esta semana Migración Colombia. De ellos, el 57% –unos 633 mil– están regularizados y otro 16% avanza en este proceso. Identificarlos es una forma de facilitar su movilidad, garantizar sus derechos y evitar que sean víctimas de explotación laboral.
Este 2018 hemos sido testigos de una migración sin precedentes en la región. Decenas de miles de caminantes venezolanos, con sus corotos al hombro y hasta con sus hijos pequeños en brazos, emprendieron la huida de su país donde el hambre, las enfermedades y la inseguridad los tenían arrinconados. Pudo más su afán de supervivencia que los riesgos de un camino desconocido y por eso, sin pensarlo dos veces, se lanzaron a recorrer kilómetros y kilómetros durante semanas en medio de las más difíciles condiciones. ¡Pura desesperación!
Naciones Unidas estima que más de 3 millones 300 mil venezolanos están hoy por fuera de su país. Luego de Colombia, las naciones que han recibido el mayor número de venezolanos son Estados Unidos, con más de 700 mil; Perú con 500 mil, Ecuador con 250 mil, en Argentina hay 130 mil y otros 100 mil están en Brasil.
Sí, son muchísimos migrantes y habrá más, porque la crisis económica, social y política de Venezuela cada día va peor y no se vislumbra una solución inminente. Un estudio de Brookings Institute estima que el número de refugiados venezolanos alcanzará los 8 millones en los próximos tres años.
Para más inri, este 10 de enero Nicolás Maduro comenzará un nuevo mandato que buena parte de la comunidad internacional considera ilegítimo. Representantes del Grupo de Lima anunciaron que desconocerán su nuevo gobierno e insistieron en que hay “que explorar diversas alternativas diplomáticas y políticas para avanzar en el restablecimiento de la democracia en Venezuela, la convocatoria a elecciones libres y la búsqueda de que impere nuevamente el Estado de derecho en Venezuela”.
Veinte años después del inicio del proyecto chavista, Venezuela se desmorona. El 2018 será recordado como uno de los peores años de su historia, mientras la dictadura se atornilla en el poder y se victimiza cada vez que puede; la oposición aparece maniatada y perseguida, las protestas son reprimidas con violencia, conseguir comida y medicinas es una tarea titánica, los medios de comunicación están silenciados, la economía en declive, la inflación disparada…
¿Quién quiere vivir así? ¡La desconfianza, la desesperanza y la tristeza reinan! Por eso, en este 2018, los venezolanos, los caminantes y los que se quedan, son los protagonistas de un dolor de patria que difícilmente alcanzamos a imaginar.








