El Heraldo
Opinión

Pirausta, malditos, vista

Lo que preguntan por ahí.

¿Qué es Pirausta, seudónimo de Amira de la Rosa en el concurso de 1928 para escoger la letra del Himno de Barranquilla? Aura M. Salas, Barranquilla

Pirausta era una mariposa fantástica de la que en tiempos remotos se decía que habitaba en el fuego y que moría si era apartada de él. En Otro poema de los dones, Borges dice: “… por el fulgor del fuego/, que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo”, y existe una foto de Amira en la que, absorta, contempla el fuego de una chimenea: en él, especulo, revueltos los colores, aletea una mariposa. Es bella la idea de un ser que vive incendiado en un incendio, un ser que, quizá de pasión, arde en su propio fuego y no perece. Y ese fue el seudónimo que escogió Amira. Vaya uno a saber qué quiso decir.

¿Por qué en uno de sus ensayos Verlaine llamó ‘poetas malditos’ a Baudelaire y a Rimbaud? Jorge Atanasio, Barranquilla

Maldito, del latín male dictus ‘mal dicho’, significa ‘de quien mal se dice’ o ‘de quien se habla mal’. El término lo acuñó Verlaine, quien, junto a Baudelaire, a Rimbaud y a otros pocos, fue considerado uno de los ‘poetas malditos’. De ellos, en efecto, se hablaba mal, pero no por desprecio o vituperio, ni porque fueran diabólicos o depravados, sino porque violaban normas de la católica Francia, se situaban más allá de lo convencional y eran elitistas en cuanto a genio y cultura. Por eso, tendían a aislarse, y se volvían despreocupados, solitarios, acaso trágicos. Baudelaire, al que llegaron a venerar, fue el maestro implícito de todos. Sorprendía que en busca de la belleza introdujera en la poesía motivos no convencionales, como, por ejemplo, lo inmundo, presente en su poema “Una carroña” (en Barranquilla habría sido “Una mortecina”). De Rimbaud turbaba su precocidad, sus extravagancias y sus rencillas con el también extravagante Verlaine, con quien, disparos de por medio e intervención policial, configuraron un espectáculo que fue comidilla del mundo francés, intelectual o no ilustrado. No obstante, los ‘poetas malditos’ eran bienamados, en particular por grandes escritores como Víctor Hugo y Mallarmé, quizá porque sabían que ellos vivían en las ascuas del chismorreo europeo, que decía cosas terribles solo porque los juzgaba inmensos y trascendentes.

En cuanto al dicho “el de la vista gorda”, ¿qué tiene que ver la gordura con la mirada? Rodolfo Gómez Peralta, Medellín

En ocasiones, al despertar de un sueño tranquilo y profundo no se distinguen bien las cosas porque se tiene la vista gorda, esto es, los párpados congestionados. La expresión “hacer [alguien] la vista gorda” se refiere a aparentar que no se ha visto un objeto o un suceso, bueno o malo. En principio, estuvo asociada al contrabando y referida a inspectores de aduana, quienes, previos acuerdos con contrabandistas, y precisamente por tener la vista gorda, dejaban pasar mercancía no declarada o más volumen del registrado. Su equivalente con otro sentido corporal es “hacer [alguien] oídos sordos”.

edavila437@gmail.com

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