P.: ¿Quién dijo “si encuentro mi casa en llamas solo salvaría el fuego”? Robert Gutiérrez, B/quilla
R.: La anécdota, que no fue exactamente así, se refiere a una frase de Jean Cocteau (1889-1963), escritor, pintor, escenógrafo y cineasta francés, una de las mentes más brillantes de la cultura de su país el siglo pasado. La versión más creíble es la de Dalí, quien, en una entrevista televisiva de 1977 al periodista español Joaquín Soler, contó que “un día fui con Jean Cocteau a ver el Museo del Prado, y al salir preguntaron a Cocteau: ‘Si se hubiera quemado el Museo del Prado, ¿qué habría salvado?’. Y dijo: ‘Habría salvado el fuego’ ”. Según Dalí, la frase primigenia no es de Cocteau, sino ‘una cosa dicha por un griego’, pero en la entrevista un ligero titubeo suyo indica que quizá no sabía quién era ese autor griego, supuesto o real. Especulo que con su respuesta Cocteau quiso subrayar el valor del fuego, algo sin lo que la humanidad no habría topado el progreso, los descubrimientos, la cultura…
P.: ¿Por qué se dice ‘luna de miel’? BLA, B/quilla
R.: En las versiones sobre el origen de la expresión siempre aparece la hidromiel, bebida fermentada hecha de agua y miel de abejas, de 13 grados alcohólicos, que hace varios milenios se consumía masivamente en el mundo conocido, con el toque de cada región incorporado. En Babilonia, hace 4.000 años, o en Roma, hace 2.000, a partir de la boda, cada noche del primer ciclo lunar juntos (28 días) los novios recibían de sus padres una vasija con hidromiel porque se creía que esa bebida aumentaba la fertilidad. Hasta bien entrado el siglo XV, habitantes de Alemania y de Escandinavia, acostumbrados al pillaje y a las correrías belicosas, tenían la misma creencia sobre la utilidad de la hidromiel para procrear, pero, por su idiosincrasia guerrera, a esa idea le añadieron que también servía para que el engendrado fuera varón. En fin, es “luna” porque equivale a un ciclo lunar, y es “de miel” porque esos primeros días, que antes se acompañaban con un licor a base de miel, son plácidos y azucarados.
Nota: Desde Quito me escribe José Antonio Moreno Armella: “Para enriquecer su concepto [de la semana pasada] sobre el vocablo pendejo, de suyo muy rico, le informo que en Perú pendejo significa lo opuesto a lo que una de sus acepciones indica en Colombia y en Ecuador. Ejemplo: si en Lima alguien dice de “fulano que es un gran pendejo” quizá esté diciendo que “es vivo, sabido, oportuno y hasta inteligente”, es decir, estaría elogiándolo, todo lo contrario a lo que se entendería en Colombia o en Ecuador. Vargas Llosa, en su introducción a El desafío neoliberal, dice: “De México a Ecuador la palabrota pendejo quiere decir tonto. Misteriosamente, al cruzar la frontera peruana se vuelve su opuesto. En el Perú el pendejo es el vivo, el inescrupuloso audaz. En Centroamérica, una pendejada es una despreciable estupidez; en el Perú, una deshonestidad que tiene éxito”.
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