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El calamar y el caballo

¿En qué nos enfocamos al hacer lo que hacemos? ¿Con qué objetivo estudiamos y trabajamos? ¿Es el dinero esa meta que todos tenemos en común? Advirtiendo que de 7.8 billones de personas en el mundo, más de 700 millones viven en condición de pobreza extrema, puedo afirmar que hacemos parte de una aldea global en la que la prosperidad compartida no es más que una triste y lejana utopía. 

Tras ver el noveno y último capítulo de la serie más popular del momento en Netflix, me queda más de una reflexión por hacer. ‘El juego del calamar’, o el relato de cientos de personas que se inscriben en una competencia que consiste en jugar como niños y enfrentarse como adultos a la muerte, es un fiel retrato del mundo capitalista en el que vivimos y en el que a diario luchamos contra el estigma de ser pobres, o bien contra la etiqueta que pone el sello del fracaso en nuestra frente y nos obliga a sentirnos menos que aquellos que tienen más. 

¿En qué nos enfocamos al hacer lo que hacemos? ¿Con qué objetivo estudiamos y trabajamos? ¿Es el dinero esa meta que todos tenemos en común? Advirtiendo que de 7.8 billones de personas en el mundo, más de 700 millones viven en condición de pobreza extrema, puedo afirmar que hacemos parte de una aldea global en la que la prosperidad compartida no es más que una triste y lejana utopía. 

En la serie, los 456 participantes del juego comparten una misma situación: tienen más deudas y calamidades que dinero y esperanzas. Todos ellos cargan sobre sí el peso de no tener nada. El gran premio final son 45.600 millones de wones (cerca de 145 mil millones de pesos colombianos). De principio a fin, lo único que tienen para jugar es su vida; y es eso también lo único que tienen por perder. 

Dejo aquí cinco reflexiones que ‘El juego del calamar’ me dejó:    

1. El valor del dinero vs. el valor humano. El dinero en sí mismo no tendría valor, si no fuera el ser humano el que se lo otorga. Poner por encima del valor humano lo que representa el dinero es una forma de convertirnos en títeres de una peligrosa realidad creada por nosotros mismos, en marionetas de cualquier cosa que indique grandeza o poder.  

2. Caballos en la carrera de la vida. Más allá del poder adquisitivo que tengamos, si algo de verdad nos hace grandes es ser consecuentes y sensatos con lo que en esencia somos. Aunque solemos vivir como tales, no somos caballos en la carrera de la vida, sino personas que pueden construir más de lo imaginado, solo siendo eso, auténticas personas. 

3. El verdadero conquistador. Cuando Hernán Cortés llegó a México en 1519, los aztecas se intrigaron por conocer por qué a los conquistadores les apasionaba tanto el oro. La respuesta de Cortés: «Tenemos yo y mis compañeros mal de corazón, enfermedad que sana con ello». El dinero es un bien (y también un mal) que acelera y detiene corazones. Es el verdadero conquistador de la especie humana.     

4. Tener para ser, ser para tener. No somos lo que tenemos, tenemos lo que somos. O, ¿qué sería de cada uno de nosotros si dependiéramos por completo de la cantidad de plata depositada en nuestras cuentas bancarias? A juzgar por ese criterio, yo no sería nadie ahora mismo. Pero, como ser vale más que tener, entonces qué fortuna ser quien soy. 

5. Luz verde, luz roja. Mucho hay del juego en la vida, como de la vida en el juego… todo se resume en saber jugar. Aunque el dinero es símbolo de poder y de felicidad, el valor de la vida trasciende al valor de la plata. Al final, lo importante no es la luz verde ni la luz roja del camino, sino la valentía que tengamos para avanzar.

@cataredacta

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