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De Balvin a Bach

Si algo está mal en esa canción, en ese video y en esos artistas no es su estilo musical, sino más bien su decisión o vocación sin propósito para comunicar un mensaje que no solo es inútil, sino que termina convirtiéndose en modelo insulso para quienes, como ellos, no tienen más que ruido en la cabeza.  

El gran ruido desatado por cuenta de un polémico reguetón y su video oficial en el que aparecen mujeres amarradas con collar y cadena, simulando ser perras y siendo conducidas por el “Niño de Medellín” al son de una letra que desdice de todo cuanto define al ser mujer, debería invitarnos a reaprender y redescubrir la gracia de la música, a buscar sonidos más limpios, a refugiarnos en los grandes clásicos de todos los tiempos y a encontrar quizás en ellos la armonía y el valor artístico que hoy tantos reclaman pero que muy pocos aprovechan.    

Con frecuencia me pregunto por qué parece haber en tanta gente un rechazo manifiesto por la música clásica; por qué existe tanta lejanía entre el común de las personas y lo que intentan decirnos Bach, Mozart, Elgar, Beethoven, Haydn, Grieg, Tchaikovsky o mi adorado Chopin a través de composiciones llenas de un no sé qué capaz de trascender los espacios, los tiempos, el todo. Tal vez el error esté en llamarla clásica. Puede que simplemente sea eso lo que nos aleje de melodías que, para mí, son tan atemporales como necesarias.  

Y no se trata de establecer aquí qué vale y qué no; o qué tenía peso antes y a qué se le atribuyen virtudes ahora. El asunto está en sentirse identificado con aquello que se escucha, en ser nosotros un reflejo de la música que entra por nuestros oídos. «Ey, eres una perra en calor. Y estás buscando un perro pa quedarte pegá», canta J Balvin, el mismo que hace poco criticara a los Grammy por no respetar ni valorar lo suficiente a los reguetoneros que, como él, hacen su aporte (banal) a la escena musical de la primera mitad del siglo XXI. 

¿Cuán lejos llegará su obra?, o la de otros como Tokischa, la dominicana que escribió Perra, canción cuyo video hace unos días fue eliminado de YouTube en respuesta a la crítica masiva que le califica de machista y misógino en extremo, y que hasta hizo que Martha Lucía Ramírez se pronunciara en la que considero su más acertada intervención hasta ahora como vicepresidenta y canciller de Colombia.   

Curiosamente, lo que molesta a tantos(as) de esa canción que de seguro morirá pronto sin dejar rastro alguno -como muere todo lo intrascendente-, es que se tilde a la mujer de “perra”, como si las perras fueran algo horrible. Las perras no son malas. Hay que empezar a desmitificar los lugares comunes, los dichos y las etiquetas que empequeñecen no solo al ser humano, sino también al resto de los animales.

Si algo está mal en esa canción, en ese video y en esos artistas no es su estilo musical, sino más bien su decisión o vocación sin propósito para comunicar un mensaje que no solo es inútil, sino que termina convirtiéndose en modelo insulso para quienes, como ellos, no tienen más que ruido en la cabeza.  

Referentes del arte en su expresión más pura abundan en Colombia. Sin embargo, suelen estar a la sombra de los que suenan más porque hacen más bulla. Si hablamos de Maluma, probablemente todos sepan quién es. Si hablamos de Santiago Cañón Valencia, lo más seguro es que pocos lo identifiquen, aun cuando es un chelista excepcional que está entre los mejores del mundo. Dicen que las comparaciones son necias, pero… ¿cuánta distancia habrá de Balvin a Bach?  

@cataredacta

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