Sin negar las otras ciudades que han hecho posible mi ubicación en el globo terráqueo, es evidente que guardo un gran agradecimiento con Barranquilla, la ciudad en donde vine a desarrollar mis actividades como primer infectólogo de la Región Caribe. De la mano de mi esposa, hoy dedicados a dar algo de lo que Dios nos ha beneficiado, vine a prestar mis servicios profesionales, encontrándonos con una ciudad que evoluciona en los últimos años a pasos agigantados, hasta conmemorar sus 206 años.

En medio de alegrías y sufrimientos, como a muchos, se nos ha permitido compartir triunfos y derrotas, avances, y retrasos, adelantos e incomodidades, como los de una gran ciudad. Vivimos juntos sus bondades y desgracias, pero al final hemos superado con los años grandes dificultades. Compartido el folclor, su carnaval, sus grandes cambios y desarrollos, pasamos del peligro de los arroyos al control de los mismos que antes paralizaban la ciudad, causando destrucción y muertes, episodios que hoy se suceden mayormente por la desobediencia e incumplimiento de las normas y recomendaciones.

Las gracias se las damos, sin distinciones, a todos aquellos que con su trabajo han hecho posible grandes avances, a su alcalde como líder de la ciudad, y al gobernador del departamento por su trabajo en equipo. A ellos y a sus grupos de trabajo, sin el ánimo de ensalzarlos, hay que reconocerles los más altos índices de crecimiento de una gran ciudad, lo cual nos ha permitido, aun con decisiones discutidas y no compartidas por todos, innegables mejorías que nos hacen mantenernos en la búsqueda de ser cada día mejores ciudadanos, como dice la Biblia “a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”.

También debemos reconocer a todos aquellos, que con su crecimiento personal en todas la áreas han puesto en alto el nombre de Barranquilla y aumentado su respeto con habitantes de otras regiones y países, quienes junto a sus familias se han integrado para conseguir un sitio en donde podamos convivir –sin distinciones de creencias religiosas, partidos políticos, razas, sexo y género– para luchar por una ciudad en donde el forastero cumplidor de los principios de honestidad, seriedad, solidaridad y respeto, se pueda integrar aportando sus virtudes, preparación, cultura y riquezas.

Sin negar que son muchos los retos para Barranquilla, disminuir la pobreza, la inequidad, el desempleo, la inseguridad, la delincuencia, la salud, la educación, los servicios públicos y tantas otras metas que tendremos que superar.

Gracias, Barranquilla por darnos los amigos que tenemos, la familia que hemos formado y permitirme entregar mis esfuerzos, con mi profesión, al confiar sus vidas para mejorarlas y salvarlas.

Gracias a Dios que nos ha dado tanto, que el efímero trabajo que hacemos, no valdría la pena sin su ayuda, lo que nos ha permitido, que sin entender el mundo en muchas cosas, podamos salir adelante. Vivir en Barranquilla no es un derecho, es un privilegio que debemos saber compartir.