Hace un par de semanas, El Espectador publicó una nota con un título que va directo a lo que le interesa: ¿Cómo cambiar la mala imagen de los pitbull? La publicidad se hizo para engañar. Su principal y único objetivo es vender un determinado producto, sea cual sea y a cualquier costo. Ese producto es, cada vez más, la imagen de empresas y personas. En la era del espectáculo, todo se reduce a esto.
Una semana después apareció una noticia inaudita: Philip Morris, la mayor tabacalera del mundo, pagó cuatro páginas de publicidad pidiendo a sus clientes que dejen de fumar. La campaña costó 2,2 millones de euros y con ella lanzó un reto para que abandonen el cigarrillo en 30 días.
Philip Morris se adelanta a la sospecha: “Nuestro interés a largo plazo es cambiar de negocio”. No aclara a cuántos años se refiere con eso de “largo plazo” (¿10, 30, 50, 100?). Esta publicidad con tan “buenas intenciones” convencerá a muchos nuevos adictos de que en solo 30 días podrán hacer a un lado el vicio. ¿Cuántos morirán de cáncer en el entretanto?
La publicidad engañosa no para. Hace 15 días nos enteramos que Odebrecht participaría como conferencista en una cumbre anticorrupción en Bogotá. “La empresa se ha embarcado en una misión no solo proactiva sino también proactivista para ayudar a otras empresas a no caer en la corrupción”, era la promesa del folleto y una promesa no es más que un soborno: te ofrezco algo que quizá no te daré a cambio de que me creas de inmediato.
¿Realmente aprendieron algo? Seguramente sí. Quienes más saben de un problema son, normalmente, quienes lo han enfrentado. Esa experiencia ayuda a que otros no caigan de la misma forma (“de la misma forma” no significa “en lo mismo”). Pero es demasiado prematuro que la empresa que ha echado por tierra todo un castillo de naipes de la corrupción en la región, nos venga a dar lecciones de ética. ¿Por qué tanto afán de lavar la imagen, sino por nuevos contratos? Primero que enfrente la justicia nacional. Ya luego que nos cuente qué aprendió.
Quizá por eso, la semana pasada Odebrecht propuso indemnizar al país con $106 mil millones. La Fiscalía se opuso: deben pagar más de $180 mil millones. A muchos colombianos podría parecerles suficiente sanción. Y que al país le entre todo este dineral. Sin embargo, más que una indemnización al parecer Odebrecht estaría pagando por su silencio. Son demasiados a quienes les conviene: Santos, Uribe, Sarmiento, Arias, Melo, Andrade, el mismo Fiscal. Además, si hablase queda sin nuevos contratos.
En lugar de “conferencitas” de moralidad administrativa, ¿por qué Odebrecht no desestanca de una vez este proceso que desde hace unos meses no va para ningún lado, salvo el vencimiento de términos en algunos casos?
Vencimiento de términos, otra forma de lavar la imagen: al no “alcanzar” a demostrar los hechos, la misma Fiscalía salva al acusado, quien en adelante presume de “impoluto”.
Hay que estar atentos a qué licitación gana Odebrecht, porque a quien firme ese contrato seguramente le consignarán en Tortola o en Andorra. ¡O en Panamá!
@sanchezbaute








