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Opinión

Infoxicados

Desde hace poco menos de una década se habla de la “infoxicación” como el exceso de información al que estamos sometidos los humanos por la permanente producción y constante bombardeo de datos y/o versiones de los hechos que nos llegan desde múltiples plataformas y con distintas tecnologías. Esa infoxicación conduce a una cierta adicción por querer conocer lo que pasa sin detenerse, a profundizar en lo que pasa, cómo pasa, por qué pasa y, no menos importante, el interés del que cuenta eso que dice que está pasando. Ávido de datos, el infoxicado omite pasar por el análisis y la decantación por factores de credibilidad, pertinencia y relevancia de eso que consume como si fueran verdades antes que como versiones. Se ve entonces  desbordado por un tsunami de letras y  números que lo ahoga. Que nos ahoga, más bien, porque expuestos estamos todos.

Como se ha dicho, este fenómeno lo amplifica la imparable e inacabable producción de contenidos informativos o de opinión que encontramos en la red; jungla donde conviven medios considerados tradicionales con periodistas independientes, expertos académicos o profesionales, generadores de opinión (algunos autonombrados así), blogueros, tuiteros, youtubers, instagramers y otros cuantos a los que el sufijo “bers” les ajusta. Por pulsión, el infoxicado busca revisar todas las fuentes, opciones, datos y opiniones posibles sobre aquello que le interesa; sin que esa pulsión se acompañe de la necesaria confrontación y duda. Peor aún: Se cree que todo sirve y que todo vale, y se consume sin entenderlo en su mayoría. Comer con gula sin masticar hasta atragantarse.

Similar a un mecanismo de defensa ante el citado bombardeo, el infoxicado tiende a darle mayor valor de verdad  a los datos u opiniones que coinciden o se acercan a sus propias creencias o predisposición con el tema. Ese primer filtro subjetivo se convierte en una peligrosa puerta para que las noticias falsas o la información tendenciosa se sigan enquistando en un ecosistema que, aunque quiera, va rezagado en los intentos por detenerlas.

Y aquí viene la paradoja: La infoxicación producida por el exceso de información no verificada ha permitido que la información falsa se tome las redes. Para evitar eso, lo fundamental es saber escoger lo que leer y seguir, saber contrastar y no tragar entero; y todo lo anterior pasa por revisar fuentes. Es decir, parece que a las consecuencias de la infoxicación se les debe combatir con la causa.

Suena raro, pero es necesario. La vía que nos corresponde tomar como ciudadanía para evitar ahogarnos en el mar turbulento de la información es, precisamente, informarnos bien. Eso implica, sobre todo, lo anotado en el párrafo anterior: No tragar entero. Dudar siempre. Resistirse a lo fácil. Porque tengamos claro que al status quo le conviene que no nos preguntemos mucho. A ellos les conviene la tormenta. Nos toca reaprender a nadar.

asf1904@yahoo.com / @alfredosabbagh

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