El Vivero de Alberto Azout, es el título del libro lanzado hace algunos meses por Samuel Azout, en el que destaca entre otras cosas, el gran liderazgo que ejercía su padre Alberto al frente de esa gran cadena de almacenes, muy recordada en Barranquilla y la Costa Atlántica en general. Y ese liderazgo, consistía básicamente en el concepto de la empresa feliz y de la unión de todos sus empleados, para hacer que la experiencia del trabajo estuviera llena de alegría y de significado, lo cual, sin duda, ayudaba a manejar los momentos de dificultades que nunca faltaban.
La felicidad no es un lujo, es una estrategia poderosa para sostener el día a día, fortalecer la cultura y alcanzar resultados importantes. Un líder que siempre apuesta por la felicidad entiende que su responsabilidad va más allá de los indicadores. Es alguien capaz de combinar exigencia con empatía y resultados con humanidad. Es aquel que enfrenta las decisiones difíciles y las gestiona con respeto, claridad y honestidad.
Crear espacios de conexión genuina hace también parte esencial de este enfoque. Momentos informales, conversaciones sin agenda rígida e instantes compartidos de distensión, lejos de ser pérdidas de tiempo, se constituyen en inversiones para el disfrute. En esos espacios se construyen relaciones y se mantiene viva la esencia de la organización, aún en medio de la modernización o el crecimiento. Cuenta Samuel, que su padre don Alberto institucionalizó los viernes un almuerzo con paella para sus ejecutivos y algunos empleados escogidos, donde se contaban chistes, anécdotas y donde disfrutaban juntos de un buen rato y una buena comida, en la que se aseguraba la continuación de la cultura de la felicidad.
Ahora bien, liderar con felicidad no significa descuidar los resultados, de hecho, uno de los mayores errores es plantear un falso dilema entre el desempeño financiero y el bienestar de las personas. Ambos conceptos no sólo son compatibles, sino que se potencian mutuamente. Una organización que cuida a su gente genera mayor compromiso y creatividad, lo cual se traduce en mejores resultados.
Liderar con felicidad implica, en esencia, comprender que las empresas son comunidades de personas antes que máquinas que aportan resultados. Significa reconocer que el éxito no se mide únicamente en cifras, sino también en la calidad de las relaciones y en la coherencia de las decisiones, porque los grandes líderes que transforman no son los que eligen entre resultados o felicidad, sino los que entienden que, sin felicidad, cualquier resultado termina siendo insuficiente.
@henrydelae


