Tras el atentado terrorista este sábado 25 de abril en la vía Panamericana que deja más de 20 muertos, surge la inquietud sobre el impacto de esta acción demencial en contra de la población civil, ajena a todo este largo conflicto, preguntando a qué sectores políticos beneficia o perjudica esta violencia irracional, lo que me invita a actuar con un poco de pensamiento crítico siguiendo a Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes y del filósofo estadounidense Max Black.
La violencia en Colombia ha sido tema del debate político en todas las campañas electorales, desde la presidencia de Mariano Ospina Pérez en 1946, es decir, 80 años de lucha partidista alimentada por el dinero del narcotráfico desde 1960, con la marihuana de la Sierra Nevada de Santa Marta, y posteriormente con la coca del Cauca y del Catatumbo desde 1970 hasta hoy, donde el país es el primer productor de coca del mundo con más de 250.000 hectáreas, manejadas por grupos guerrilleros, disidencias, clanes, bandas y banditas, que afectan a más del 70 % de los municipios del país, según estimación de la Defensoría del Pueblo.
Ahora bien, si la bandera de la violencia en Colombia es un arma política cada cuatro años, ¿a quién beneficia o perjudica los actos criminales como el atentado de la vía Panamericana con más de 20 muertos? ¿O no producen efecto? Y si quienes patrocinan estos actos deciden algún día cortar esta violencia, como si Jesucrito bajara del cielo para poner orden terrenal y los convenciera de su mal comportamiento eliminando el secuestro, el reclutamiento de niños, toda clase de atentados, la sustitución de los cultivos ilícitos y el establecimiento de una paz, como si estuviéramos en el paraíso de Adán y Eva de que nos habla la Biblia, ¿será que este nuevo panorama económico y social del país influye en el resultado de las próximas elecciones presidenciales?.
Vale aclarar que el voto en estos países es más emocional que racional. Aquí el pueblo vota por un jingle, una sonrisa, una expresión vulgar que haga reír a la gente; no vota por proyectos decentes llenos de filosofía. Marx, Albert Einstein y Gabriel García Márquez no salen de concejales en Macondo, pues no emocionan al circo mediático y lúdico.
La guerra se fortalece pues es un negocio muy rentable. Y el poder político es una guerra permanente donde se mueve todo el dinero del mundo. Las bombas emocionan, los muertos duelen y las familias lloran en esta Colombia que ya mañana no puede olvidar los sucesos de dolor en este valle de lágrimas.
@FcuelloDuarte








