Las recientes inundaciones en distintas regiones de Colombia no solo han dejado pérdidas materiales; también han puesto en evidencia la capacidad de respuesta, adaptación y resiliencia de miles de micronegocios que, a pesar de la adversidad, siguen siendo el motor de la economía local. En este contexto, el cambio climático ya no es un riesgo futuro: es una realidad que está transformando la forma en que producimos, financiamos y crecemos como país.

Hoy, el reto no es menor, pero el sector microfinanciero parte de una posición estratégica única. De acuerdo con un análisis del gremio, realizado de la mano de 10 entidades asociadas, más del 70 % de las microfinancieras en Colombia tienen un enfoque prioritario en población rural, precisamente la más expuesta a los efectos climáticos. Esto significa que el sector no solo está presente en los territorios más vulnerables, sino que tiene un rol directo en la protección del medio ambiente.

Además, aunque cerca del 50 % de las entidades identifica formalmente el riesgo climático, la realidad es que el 100 % ya está operando en contextos donde este riesgo es determinante. Esta cercanía con el territorio convierte al sector en un actor clave —y cada vez más protagonista— en la conversación sobre sostenibilidad, especialmente en materia de adaptación.

Y es aquí donde radica su mayor fortaleza: el sector microfinanciero no solo financia, transforma. Acompaña a pequeños productores, comerciantes y emprendedores a adaptarse, a innovar y a sostener sus ingresos en medio de condiciones cambiantes. En América Latina, el sector microfinanciero ya alcanza a más de 22 millones de clientes, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que evidencia su escala y su capacidad para incidir directamente en la sostenibilidad de la economía real.

Hablar de sostenibilidad en microfinanzas no es una tendencia; es una necesidad estratégica. Implica integrar criterios ambientales en cada decisión crediticia, fortalecer los sistemas de gestión de riesgo climático y diseñar productos financieros que respondan a nuevas realidades productivas. Pero también implica generar oportunidades: el impulso al empleo verde, la transición hacia prácticas productivas más sostenibles y la inclusión de comunidades históricamente excluidas en esta agenda.

En este camino, el gremio ya avanza con determinación. Iniciativas de cooperación internacional, de la mano de aliados como la Unión Europea, han permitido promover empleo verde en regiones como Antioquia y Huila, articulando esfuerzos entre organizaciones sociales, emprendimientos locales y actores productivos. Además, entidades del sector de la talla de Bancamía han liderado iniciativas ejemplares en este aspecto como lo es la emisión del Bono Amazonía, primero en el mundo gestionado por una entidad privada y suscrito por BID Invest por un monto de $80.000 millones, con el que buscan apoyar a microempresas en municipios amazónicos y fortalecer la inclusión financiera en esta región del país.

A este avance en materia de sostenibilidad también se suma una herramienta poderosa: la educación financiera. Actualmente, el 90 % de las entidades microfinancieras cuenta con programas en este frente, lo que representa una oportunidad concreta para incorporar contenidos sobre sostenibilidad, adaptación y gestión del riesgo climático a gran escala.

El desafío ahora es escalar. Convertir estos esfuerzos en una práctica transversal, medible y sistemática. Fortalecer capacidades, mejorar la calidad de la información y profundizar la articulación entre actores será clave para consolidar al sector como un líder indiscutible en sostenibilidad.

Las cifras son claras: según el Banco Mundial, el cambio climático podría empujar a hasta 5,8 millones de personas hacia la pobreza extrema en América Latina en los próximos años si no se toman medidas urgentes. Frente a este escenario, el sector microfinanciero no es un actor secundario; es un habilitador esencial de soluciones.

Porque si algo ha demostrado Colombia es que la resiliencia se construye desde lo local. Y en ese proceso, Asomicrofinanzas tiene un rol vital: no solo mitigar riesgos, sino liderar la transición hacia una economía más sostenible, inclusiva y preparada para el futuro.

* Presidente ejecutiva de Asomicrofinanzas