En estas elecciones primará más la emoción que la razón, y eso hará que muchos votantes decidan inclinarse por aquellos candidatos que logren representar mejor las emociones que viven los colombianos. Esta semana, la consultora Empírico, dirigida por la periodista Mariana Palau, presentó un estudio titulado Las fuerzas invisibles detrás del voto en Colombia. Los hallazgos de esta investigación -que se enfoca en lo cualitativo y, en especial, en la forma en que sienten y viven los colombianos- son una muestra de aquello que las encuestas no logran evidenciar: el papel de las emociones en las próximas elecciones. Entre los temas que más preocupan y generan emoción en los colombianos están la desigualdad, la seguridad y la salud.
El estudio muestra cómo la desigualdad estructural que vive el país se ha traducido en un sentimiento de invisibilidad entre muchos colombianos que se han sentido ignorados por décadas y que hoy se reconocen en el discurso de Gustavo Petro. Las personas entrevistadas se referían a Colombia como un país rico, pero cuya riqueza se concentra en unos pocos, principalmente a causa de la corrupción, a la que hacen constante referencia.
Asimismo, el estudio muestra cómo los colombianos perciben la seguridad como un tema esencial y la asocian con una nostalgia hacia los tiempos de Álvaro Uribe Vélez. Pero también revela que esa nostalgia viene acompañada de una conciencia sobre los nuevos retos en materia de seguridad: los colombianos reconocen una fragmentación del enemigo -ya no es solo las FARC o el ELN- y ante ello prefieren nuevas caras que aporten soluciones distintas a las que ya se han ensayado en el país.
Frente al tema de la salud, muchos colombianos consideran que el sistema nunca ha funcionado bien y que la crisis actual no es nueva. Más que una respuesta técnica, esperan una visión de futuro y de cambio que les brinde la expectativa de reformas estructurales, no superficiales.
Estos no son datos de color: son insumos que le sirven tanto a los ciudadanos para decidir con más y mejores elementos sobre el futuro del país, como a los candidatos para acercarse a la realidad, a los sentimientos y a las expectativas de los votantes. En este escenario, parecería -como también lo sugieren las encuestas- que el centro, al no encarnar ninguno de esos sentimientos y al ofrecer un discurso más técnico que emocional, queda fuera del juego político.
Cada candidato responde a alguna de las emociones que viven los colombianos, pero hay algunos cuyos arquetipos o personajes logran canalizarlas con mayor eficacia. Tal vez valga la pena preguntarse, antes de votar, si la emoción es lo que necesita el país para pensar en su futuro, o si hace falta algo de razón para que podamos construir una agenda de desarrollo viable, con criterio y con algo de confianza.
@tatidangond








