He venido sosteniendo que Colombia necesita elegir en 2026 un presidente que en realidad tenga condiciones de Estadista.
Sin duda en estos momentos tan difíciles donde pulula la desinformación, el odio y la polarización, es imperativo elegir un Presidencia de la República que sea un verdadero Estadista.
Estadista, con mayúscula que, en sus antecedentes personales, incluido los familiares, judiciales, experiencia y ejecutoria, con transparencia asuma como el presidente que con suficientes méritos transforme a Colombia en cinco aspectos medulares principalmente: la corrupción administrativa; la violencia en todas sus manifestaciones; la división política permeada por el odio; la desigualdad histórica y el irrespeto a la oposición.
Pertinente es formularnos la pregunta de Winston Churchill al finalizar la segunda guerra mundial: “¿Y cuántos de los que me van a suceder se pueden graduar de estadistas?”. Desafortunadamente no vislumbramos en la palestra colombiana un Estadista que reúna todas las características que enmarca este concepto.
Candidatos variopintos se nos presentan como presidenciales destilando odio, con egos inflados, auto sobrevalorados, sin profundidad cognitiva, carentes de propuestas medibles en el tiempo y el espacio. Pero, sobre todo amnésicos respecto del rabo de paja que cargan, disfrazados de reconquistadores de la patria, pretendiendo engañar de nuevo las grandes mayorías nacionales en las urnas.
Se perdió el ejercicio de la política de los grandes Estadistas, Colombia los ha tenido en la reciente historia en: Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, Tomás Cipriano de Mosquera, Alberto y Carlos Lleras, Mariano Ospina Pérez, Alfonso López Pumarejo, y Juan Manuel Santos, entre otros.
Otros Estadistas con excelsas condiciones no los dejaron llegar al poder, sus vidas fueron cegadas por la violencia que nos agobia inclementemente: Luis Carlos Galán Sarmiento y Alvaro Gómez Hurtado, entre otros.
Vaya usted y compare aquellos Estadistas con el remedo de los de hoy. Histéricos, coléricos, fabulosos, maquillados, superfluos, mentecatos y tarados, centrados en el discurso manío de la izquierda y la derecha como estrategia de campaña desgastada.
Lástima que Colombia siga escogiendo dentro de la pobreza de presidenciales que se le presentan, sin la opción segura de elegir entre un abanico de candidatos presidenciales caracterizados por tener la estatura de Estadista que la Nación requiere.
Elegir correctamente un presidente es tan serio como elegir pareja para casarse. Elijamos un Estadista correcto.
@orlandocaba








