En medio de este asfixiante ambiente electoral que pasa por la crispación, las volteretas, la “encuestitis”, los gestos histriónicos, algunas mentiras sin rubor y la intervención descarada de funcionarios públicos en la contienda, he pensado para esta columna en un tema más amable: la celebración el fin de semana pasado en Ibagué de la cuadragésima versión del festival Nacional de la Música Colombiana, cuya existencia ha sido posible gracias al tesonero empeño de una gran mujer, Doris Morera de Castro.
Surgió inicialmente como un homenaje a dos prominentes figuras de nuestra música, Darío Garzón y Eduardo Collazos. El primer paso fue una serenata que doña Doris y un grupo de quijotes amantes de la música colombiana organizaron en la tumba donde reposan los restos de estos dos gigantes en el cementerio San Bonafacio de Ibagué. Siempre uno de los actos centrales del festival es repetir la serenata en el cementerio, un sábado, desde las nueve de la mañana a la una de la tarde, en la que desfilan los mejores grupos musicales incluyendo la Coral Ciudad Musical de Ibagué y la Gran Rondalla Colombiana.
Esta vez fue el sábado 21 de marzo, coincidiendo con la fecha que la ley 851 de 2003 presentada por el parlamentario tolimense Luis Carlos Delgado Peñón, declaró como día nacional de la música colombiana y como patrimonio cultural y artístico de la Nación al Festival Nacional de la Música Colombiana y el Concurso Nacional de Duetos “Príncipe de la Canción”.
En el concurso, últimamente ganado por jóvenes y particularmente mujeres estudiantes de música en los distintos conservatorios, se premian compositores e intérpretes de la música andina que cada año se dan cita, tanto en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo como en el Teatro Tolima, en el Centro de Convenciones Alfonso López Pumarejo y en parques y calles de la justificadamente conocida como “Capital Musical de Colombia”, han pasado glorias y cultores de los más variados géneros musicales del país. Además, por muchos años, alternativamente, tuve la fortuna de ver en la casa de Doris Morera en el barrio La Pola y en compañía del presidente López Michelsen y de mi inolvidable amiga Helenita Vargas, a: el maestro Escalona, Jorge Villamil, Jaime Llano González, Rodrigo Silva y Álvaro Villalba, entre otros muchos grandes.
De esta manera el festival, siempre auspiciado por el ministerio de Cultura, las autoridades regionales y entidades educativas y empresariales del departamento, se ha convertido en un punto de integración que contribuye a formar nuestra identidad cultural y nuestra nacionalidad.
En esta última versión, aparte de artistas de distintos orígenes como Maía, María Isabel Saavedra, Yolanda Rayo -muy cercana a Helenita Vargas- fueron protagonistas grupos representativos de otras culturas musicales como la orquesta del maestro Lucho Bermúdez, la estudiantina del Magdalena Medio, un grupo de música llanera de Barranca de Upía que nos impresionó a todos por su fuerza de expresión, formado por jóvenes y niñas y niños llaneros. Y desde luego, la banda de Baranoa que, gracias al gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, en los últimos cuatro años se ha incorporado a este festival. Me llamó la atención que el director de la Banda, maestro Hilton Escobar Roa, me dijo que ellos antes de venir al Tolima, se preparaban en el conocimiento del folclor tolimense para incorporarlo en sus presentaciones. Es la integración que tanto necesita este país. En esta oportunidad también pudimos conversar con el periodista Juan Lozano, tolimense por ancestro y el gobernador Verano, declarado ahora tolimense por adopción por su compromiso con este evento.
Y quien lo creyera, este cuadragésimo aniversario sirvió hasta para integrar políticos. En concordancia con el homenaje que se les rindió a quince mujeres artistas, las dos mandatarías tolimenses, Adriana Matiz, gobernadora y Johana Jimena Aranda, alcaldesa de Ibagué, dejaron de lado sus diferencias políticas y se integraron en estos días culturalmente en la promoción de la música andina en una inescindible unidad regional. Eso también nos puso a pensar que en coyunturas políticas como la actual, es posible aplicar la práctica francesa de finales de la V República sobre la “cohabitación”, que permite que ideologías políticas divergentes puedan gobernar un país. Todos los honores para el motor de este festival, doña Doris Morera de Castro.
@gomezmendeza








